Nuestra lactancia en tándem (crónica de un destete)

Cuando me quedé embarazada de L tuve claro que quería darle el pecho, pero nunca me planteé cuánto duraría mi voluntad de hacerlo. Desde que la tuve en mis brazos defendí la idea de que lactaría todo el tiempo que ambas quisiéramos hacerlo, sin importarme las opiniones ajenas (sobre todo las poco versadas en la materia, que desgraciadamente son el 99%).

Sinceramente, nunca me imaginé que esta lactancia se juntaría con otro embarazo, ni mucho menos con otro bebé… pero así ha sucedido. Y todas las decisiones que he ido tomando han brotado básicamente del instinto, que es por lo que me guío casi siempre desde que soy madre: confío en él. Si mi bebé llora, necesito abrazarle; si mi bebé me llama, necesito acudir; si mi bebé me pide teta, necesito dársela.

Por eso no estaba preparada para todos los sentimientos que me invadieron con la lactancia en tándem, porque eran muy contradictorios respecto a todo lo que había dado por sentado hasta el momento y toda mi experiencia anterior con un solo bebé.

L, con sus dos añitos recién cumplidos, acogió muy bien a su hermana y desde el principio le mostró amor incondicional. Pero eso no significa que no tratara de marcar su territorio, como es lógico, por eso cada vez que N mamaba ella se nos pegaba como una lapa y también pedía su parte. Les di a la vez en unas cuantas ocasiones y enseguida me di cuenta de que aquello no era lo mío… y no por ellas, que se las veía encantadas mirándose la una a la otra, sino por mí, porque me sentía incomodísima, como ortopédica, sin poder moverme de ninguna de las maneras ni hacer absolutamente nada mientras durara la toma doble. Probamos varias posturas… pero no, definitivamente lo de las dos a la vez no me iba, así que decidí que mejor de una en una, lo que implicó poner una condición que había que cumplir sin excusas, al menos las primeras semanas de vida de N: prioridad a la pequeña.

A L le costó acatar la norma, se nos ponía literalmente encima, protestaba y me hacía jugarretas durante las tomas de N. Además, resultó que N era la niña micro: microtomas de diez minutos, microsiestas de veinte, y entre una y otra no daba mucho tiempo a hacer nada más. De vez en cuando se daba la situación de estar L mamando y empezar N a llorar, con lo cual me veía obligada a interrumpir la toma para atender a la peque, con el consecuente berrinche… y berrinche más berrinche no son dos berrinches, es una jaula de grillos de la que quieres escapar y no sabes cómo… sobre todo si la historia sucedía de noche, que era muchas veces. Creo que éste fue el principio del fin: en esos momentos me sentía desbordada, incapaz de atender a mis dos hijas como ellas me demandaban, me sentía frustrada y creía haber tomado decisiones equivocadas… en fin, la maldita culpa una vez más.

Después me he dado cuenta de que estas circunstancias se repiten con o sin teta… es lo que tiene ser dos contra una, no se puede estar a todo. Pero en aquellos primeros meses de bimaternidad, me atormentaba pensando que tendría que haber destetado a L antes y que no había sopesado con objetividad las posibles consecuencias. Las hormonas del posparto, que son muy majas.

Aún encima, tuve la mala suerte de sufrir dos mastitis en el pecho derecho. La primera fue bastante leve, en el cuadrante inferior; drenando el pecho con ayuda de las niñas y masaje local se fue sola. Pero la segunda… uf. La zona más pegada a la axila se me puso durísima, roja y caliente, y además empecé a tener fiebre, temblores, sudores fríos, una total falta de fuerzas y mucho, mucho dolor. Terminé en urgencias y tomando antibióticos durante una semana, y de recuerdo me quedó una perla de leche bastante incómoda, a la que mi ginecóloga restó importancia pero que estuvo ahí amargándome durante meses.

Total, que todo este cóctel de niñas llorando, tetas doloridas, hormonas descontroladas y cansancio infinito me empujaron a ir destetando un poco inconscientemente a L. En cuanto pasó la emoción por la novedad de la hermanita y volvimos todos a la rutina cotidiana, ella retomó sus horarios habituales, que implicaban mamar poco o nada durante el día: sólo al despertarse, antes de la siesta y si se llevaba un disgusto por un croque o una pataleta. Casi sin darme cuenta empecé a evitar las situaciones en las que me pedía: por la mañana me levantaba antes de que ella viniera a nuestra cama, y durante el día la distraía y la mayoría de las veces se olvidaba del tema. Poco a poco ella misma dejó de buscarla.

Pero aún faltaba la piedra de toque de nuestra lactancia: el sueño. L era totalmente dependiente de la teta para conciliar el sueño, y cualquier otra forma de dormirse era impensable y poco fructífera. Desde que se me pasara por la cabeza intentar el destete nocturno (ya os conté aquí cómo deseché la idea por parecerme imposible de realizar sin sufrir una jartá las dos), nunca había vuelto a pensar en ello porque, la verdad sea dicha, era lo más cómodo para todos: unos minutitos enchufada y como un tronco… ¿para qué cambiar el sistema? Pero claro, cuando entra en juego otro bebé y empiezan a despertarse la una a la otra en un bucle sin final, te lo vuelves a pensar.

Entonces empecé (instintivamente y sin meditarlo mucho) a negociar la teta (un término que leí por primera vez en esta entrada de la Mamá Corchea y que para mí fue absolutamente revelador). Pensé que si alteraba mínimamente su rutina de ir a la cama podría significar un gran cambio para todos y ella casi no lo iba a notar… así que le dije que en vez de tomar la teta en la cama justo antes de dormir, la tomaríamos en el sofá después de cenar y antes de lavarse los dientes (que por otro lado tiene mucho más sentido). Y como novedad, antes de apagar la luz leeríamos un cuento (hasta ahora no leíamos cuentos antes de dormir porque la excitaban muchísimo y luego era un suplicio que se relajara otra vez).

Para mi sorpresa, aceptó encantada la propuesta y empezamos a hacerlo así con bastante éxito. Algunos días se quedaba medio frita en el sofá, lo cual era una complicación… otras veces me la pedía igual y acababa dándosela para evitar males mayores, y además el tiempo de dormirse se ha alargado cuantiosamente, un rollo… pero la cuestión es que poco a poco ha dejado de depender de la teta para conciliar el sueño. Aunque no de mí… pero ésa es otra historia.

Las tomas nocturnas no las suprimimos… no hubo huevos. Afortunadamente, ella misma ha empezado a dormir las noches del tirón, con algunos altibajos pero buena media en general, así que esa batalla no he tenido que librarla (¡menos mal! era la peor con diferencia…).

No sabría decir con exactitud en qué punto de todo este proceso empecé a tener una reacción muy negativa cada vez que se acercaba el momento de darle el pecho a L. Por un lado quería seguir dándoselo hasta que ella se destetara espontáneamente, como siempre he deseado que ocurriera… pero no sé por qué de repente quería que lo dejase ya, que no me la pidiera más y punto, y esa especie de ansiedad fue en aumento y me empujó a forzar cada vez más la Operación Teta del Desierto. La sola idea de darle de mamar me causaba un rechazo brutal, y durante las tomas me sentía muy incómoda, incapaz de estar quieta, como si me diera corriente… y me entraban ganas de salir huyendo y eso me generaba mucho malestar porque… ¿por qué me sentía así? L notaba mi desasosiego y eso la ponía triste. Yo no quería verla así, por lo que busqué paliativos a mi propia incomodidad: le pedí que no me agarrara con las manos, y negocié con ella el tiempo de las tomas hasta reducirlo a la mínima expresión… y hasta rozar el ridículo, la verdad.

-Un minuto sólo, ¿eh? … Venga, ya pasó el minuto.

-Quero un poquito máaaas, mamiiii…

-Bueno… pero un minuto sólo, ¿eh?

Terminé apañándomelas para casi eliminar la toma de antes de dormir (prácticamente la única que hacía), con el pretexto de que se la daría sólo si se acababa toda la cena (rompiendo así la regla de oro de no utilizar la teta para castigar o recompensar). Y mientras mamaba, no hacía más que meterle prisa para que acabara rápido e incluso he llegado a hablarle mal, como si estuviera enfadada con ella… y eso es sin duda lo que peor me ha hecho sentir desde que soy madre. Mi dulce cachorrita, ¿qué culpa tendrá ella de mis desórdenes internos? Y yo no entendía nada de mi propio comportamiento y no quería sentir rechazo hacia mi hija, y sobre todo no quería dañarla de ninguna forma ni que ella sufriera ese rechazo. Pero esto… ¿es normal?

Agitación del amamantamiento

Foto-móvil terrible pero que ilustra perfectamente lo que estoy contando.

Caí en la cuenta de que algo me pasaba… me costó, ¿eh? Mamá zombi estuvo demasiado zombi esta vez. No me acuerdo qué puse exactamente en el buscador de San Google, pero lo primero que me salió fue esta entrada del blog Sencillamente Natural, escrita de una forma tan sincera y personal que, aunque el caso no se parece mucho al mío, me vi reflejada y pude respirar tranquila sabiendo que no estoy chiflada y que lo que me pasa es normal: es agitación del amamantamiento (nunca dejas de aprender en este empinado caminito que es la crianza…).

Otro palabro nuevo… una pena no haber encontrado esta información antes, porque tal vez lo habríamos sobrellevado un poquito mejor, al menos yo. Pero no voy a engañarme a mí misma: habríamos llegado al mismo punto, es decir, al destete progresivo, porque saber lo que me sucede no elimina ese instinto primario, esas ganas de cortar ya la lactancia con L… y aunque sea contradictorio para las dos y sea un poco difícil a veces, es lo que me pide el cuerpo y no voy a silenciarlo y a martirizarme. Las cosas han de salir naturalmente y ser motivo de paz y de alegría, no una tortura. Lo que me proporciona paz ahora es destetar a L y continuar con N. Punto pelota, no hay más que decir.

Después de todo este recorrido, puedo confirmar que hemos practicado la lactancia en tándem durante 7 meses y que tras 30 meses de pecho a demanda L está destetada del todo (si se despierta de noche y me pide le doy, pero en el último mes sólo ha pasado una vez). No ha habido destete espontáneo como yo soñaba… y ha habido momentos duros, pero creo que valorando todo en su conjunto hemos conseguido hacerlo despacito, teniendo en cuenta las necesidades de las tres (de N también) y sin grandes disgustos. Hoy por hoy L me dice “Mamá, N quiere teta” y puedo dársela delante de ella sin ningún problema, incluso a la hora de dormir. Ya no hay situaciones tensas, ni angustia, ni remordimientos por mi parte, ni sufrimiento y ansiedad por parte de L. Estamos bien :)

Ahora queda ver qué ocurrirá con N… ¿se repetirá la historia? Si vuelvo a tener agitación del amamantamiento, al menos ya sé lo que es… ¿Volveremos a vivir la lactancia en tándem? Quién sabe… yo, a pesar de los pesares, volvería a intentarlo.

La leyenda era cierta… ¡Dormir es posible!

Papá zombi y yo estamos pletóricos de alegría: ¡L HA DORMIDO SU PRIMERA NOCHE DEL TIRÓN!

(Perdonadme un minuto mientras me levanto para hacer un baile ridículo por el salón).

¡Oéeeee oé oé oéeeeee!

Después de un pico de tetitis aguditis durante los primeros meses del embarazo de la hermanita, se han juntado una serie de factores (o eso me figuro yo) que han hecho que las aguas vuelvan al cauce que seguían hace unos meses, cuando L sólo pedía teta cuando tenía sueño o cuando se daba un golpe. A saber:

  • Casi han terminado de salirle las dos muelas de abajo, con lo que ya tiene un juego completo y está comiendo de maravilla; incluso los trocitos de carne que hasta ahora se le hacían bola, los mastica concienzudamente y se los traga sin problema.
  • Con la llegada del calor bebe mucha más agua y otros líquidos. Se ha hecho fan del zumo de naranja: si le dejamos, es capaz de beberse el suyo, el mío y el de papá zombi (no le dejamos porque tanto ácido no es nada recomendable para la piel de su culo, os lo digo por experiencia…).
  • Estoy ya casi en el ecuador del embarazo, y según los estudios en la franja de los 3-4 meses de gestación desciende mucho la producción de leche materna, con lo cual es probable que L termine destetándose espontáneamente, como muchos niños lactantes en su mismo caso.

Llevamos una racha muy buena de noches plácidas en las que se despierta sólo una vez y al principio o al final de la noche, y eso que esta semana se ha vuelto a poner malita y estamos otra vez con mocos y jarabes (y además, con tos de regalo). También está aprendiendo a acostarse sola en su cuna cuando llega la hora de dormir y a relajarse mientras le canto un poquito, incluso se ha quedado frita un par de veces sin teta. Es un pequeño gran hito que nos ha hecho muy felices.

Pero lo de hoy merece ser marcado en el calendario. A una semana de cumplir los 20 meses, por fin, ¡POR FIN! nos ha dado la inmensa alegría de dormir una noche del tirón, desde las 21:30 que se quedó dormida hasta las 8:00 que la tuvimos que despertar para ir al cole… ¡si la dejamos seguro que sigue un rato más! A ver qué pasa mañana, que es sábado y no hay que madrugar

Cuando pienso en las semanas que me quedan para poder dormir a gusto antes de que el calor y la barriga empiecen a molestarme de verdad… son pocas, ya lo sé, pero antes eran 0. ¡Me siento muy positiva! Se nota que yo también he dormido toda la noche del tirón…

Pero por encima de todo, me siento feliz y orgullosa por haber aguantado el tipo todos estos meses, aunque a veces ha sido duro. Las cosas han sucedido en el momento que tocaba, y me siento muy satisfecha viendo cómo L va madurando sus ritmos pasito a paso, sin tener que forzarla ni pasarlo mal los tres. Parece que fue hace un siglo cuando me planteaba la Operación Teta del Desierto, y sólo han sido 4 meses más de altibajos… Lo está consiguiendo mucho antes de lo que nos esperábamos, es maravilloso.

Por supuesto, esto no ha terminado. A ver qué tal pasa los meses de calor, a ver si realmente se desteta por completo o no, a ver qué sucede con la llegada de N… Pero está claro que vamos por el buen camino.

El que inventó la expresión

Tomo prestada esta imagen del Club de Malasmadres. ¡Cuánta razón!

Lactancia prolongada = polémica asegurada

La Operación Teta del Desierto está muy instaurada en nuestra sociedad, y por todas partes surgen de repente agentes secretos que te sorprenden bombardeándote con comentarios absurdos con la intención de minar tu moral y empujarte cada vez más al destete, sobre todo si tu bebé ya es “mayor” (¿un bebé de 15 meses es mayor? Por favor…).

Ya, ya sé que la mayoría de la gente tiene sólo buenas intenciones. Pero ¿por qué todo el mundo se cree en situación de opinar sobre este tema?

Para muestra, un botón:

  • “Lo que sale ahora es agüilla”.
  • “A esta edad la leche materna ya no le alimenta”.
  • “Eso ya no es necesidad, es vicio”.
  • “Es mucho más cómodo darle el biberón”. (Ésta es una de las chorradas más gordas que he oído en mi vida).

Y alguno más que seguro me dejo en el teclado…

Pero hace poco tuve una conversación en concreto que me causó un cortocircuito cerebral y me dejó absolutamente sin palabras. Ésa que os prometí que os contaría, ¿os acordáis? La identidad de la persona no viene a cuento, en realidad podría haber sido cualquiera, así que la llamaremos simplemente *persona*. Y las circunstancias en las que tuvo lugar el diálogo tampoco son relevantes, lo mismo podría haber sido en casa de un conocido que en la parada del autobús; lo que importa es el contenido. Ahí va:

PERSONA: -¿Y hasta cuándo tomó pecho?

MAMÁ ZOMBI: -Todavía toma.

P: -Ah… ¿y hasta cuándo piensas seguir dándole?

MZ: -Hasta que ella quiera.

P: -¿Hasta los ocho años?

Aquí mi sentido arácnido (y mi sentido de la lógica también) me alertó de que la conversación empezaba a ir por derroteros que no me interesan. A estas alturas ya paso de empezar a recitar datos sobre lo que recomienda la OMS y sobre estadísticas de destete natural y demás cifras aburridas, así que intenté vagamente echar balones fuera:

MZ: -Huy, no creo que le dure tanto. No le gustan las cosas de bebés: ni el chupete, ni el biberón, ni las comidas trituradas… además, queremos tener otro niño pronto, así que en cuanto asocie…

P: -¡Buf! Pues más a mi favor. ¡Tienes que destetarla cuanto antes! Si no va a generaros un problema tremendo, de verdad. Yo lo veo en mis nietos: el mayor ahora se siente destronado. Claro, ha llegado un enano y le ha quitado su cuna, sus juguetes, ¡su teta! Tenemos que tener un cuidado tremendo con él porque quiere matar a su hermano. ¡En serio! Le pega cada torta…

Inciso: no tengo ninguna intención de ridiculizar a esta familia ni reírme de la situación con sus pequeños, que no dudo será difícil. Pero no me negaréis que es un poco surrealista que te hagan estas declaraciones así a bocajarro. Cada niño es un mundo, por lo que pensar que todos los niños van a reaccionar igual ante determinada situación a mi entender es un error. Con la llegada de un hermanito es normal que tengan algo de pelusa, haya teta o no haya teta de por medio, y hay que prepararlos para ese momento. Pero bueno, como mi boca se había ido abriendo progresivamente y de ella no salía nada, la persona se volvió hacia papá zombi y le dijo:

P: -Es como si de repente aparece otro maromo en tu casa y pretende que compartáis a tu mujer. Pues tú le querrás matar, ¡normal!

Menuda comparación. Sin comentarios. Yo sigo sin poder cerrar la boca.

P: -En realidad los niños generan esta dependencia sobre todo por el olor que emanan unas glándulas que hay entre los pechos. Las tienen todos los mamíferos. Ahora están fabricando unos collares para perros con su aroma para que se tranquilicen…

WTF??????

Ignoro si esto está científicamente demostrado, yo es la primera vez en mi vida que lo escucho… y no sé a qué viene sacarlo a colación cuando hablamos de SERES HUMANOS con consciencia y con poder de decisión. ¿O van a utilizar esos collares para impulsar el destete forzoso de los cachorros de perro? En fin, a estas alturas de la película yo ya había decidido que no iba a meterme a discutirle nada a *persona* y que lo mejor era asentir con la cabeza y decir “ajá, ajá”.

P: -Además, si quieres quedarte embarazada de nuevo, tienes que tener cuidado, porque la estimulación de los pechos provoca contracciones. A mi hija le pasó.

Pues muy bien, esto sí lo sabía, pero creo que llegado el momento, y suponiendo que L todavía le dé a la teta (que no hacemos más de adelantar acontecimientos), dejaré que lo valore el médico que me lleve el embarazo. Me parece lo más lógico. Podría haberle hablado de la lactancia en tándem… pero ¿para qué? Ajá, ajá.

Y por si todo este chorreo de informaciones random y razonamientos sui géneris fuese poco, le puso la guinda al pastel:

P: -Ahora todo este rollo de la crianza con apego está de moda, pero no se puede ser más papista que el papa: hay que pensar en lo que es mejor para cada niño.

Mamá zombi pone cara de póquer y a otra cosa, mariposa.

Yo no soy una defensora acérrima de la crianza con apego en plan dogma de fe, pero me parece que sus propuestas son de sentido común. No creo que sea una “moda”. Los niños son personitas en formación, tienen otros ritmos vitales y otras necesidades, y los adultos tenemos que estar ahí para que se sientan protegidos, escuchados y queridos. Y de todas formas, aunque fuese una fanática de esta corriente, es mi elección como madre y no veo por qué nadie tiene que ponerla en tela de juicio.

La gente se aventura a hablar muy alegremente de estos asuntos tan personales cuando, por regla general, no está ni la mitad de informada que las madres que estamos criando a nuestros bebés. Además, espero que todos partan de la base de que las madres tratamos de hacer lo mejor para nuestros hijos y la unidad familiar en general. Esto cae de cajón, vamos. Yo pienso que la lactancia materna a demanda es lo mejor, obviamente, si no no lo haría. Pero no voy por ahí echando sermones al resto de madres ni me meto en sus vidas, cada una tiene sus circunstancias concretas y su criterio y en base a eso habrán tomado sus decisiones.

A mí no me molesta el hecho de que me hablen de todo esto y generen un debate, al contrario, me parece muy sano. Ni siquiera me molesta que se atrevan a darme consejos, porque sé que en el fondo lo único que pretenden es ayudar. Lo que no me gusta es ese tonillo paternalista que me hace sospechar que me están juzgando como una madre permisiva e irresponsable, y ese despotismo con el que me dicen lo que tengo que hacer sin preguntarme siquiera el por qué decido dar o no dar el pecho.

Yo antes de ser madre también tenía una opinión prejuiciosa sobre conceptos que realmente sólo conocía de oídas, como la lactancia a demanda y el colecho, pero afortunadamente vivimos en la era de la información y he podido leer mucho sobre todos estos temas, además de nutrirme de mi propia experiencia con mi hija, que al fin y al cabo es lo más importante. Los prejuicios infundados de los comentaristas de turno no me van a hacer cambiar de idea.

Para finalizar ya este discurso reivindicativo que me estoy marcando, una petición: RESPETO, y dejen a cada cual vivir su vida y su maternidad como mejor le parezca. Hombre, ya.

*Por qué se aconseja lactancia materna hasta los dos años o más.

Operación Teta del Desierto

Vaya por delante que sé que voy a tratar un tema polémico y delicado para muchas mamás. Por supuesto, lo que yo expongo en MI blog es MI experiencia personal y MI opinión.

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L y yo llevamos 15 meses de feliz lactancia materna. Desde el principio tuve claro que quería darle teta todo lo que pudiera, que para mí iba a ser una satisfacción poder contribuir así a su crianza y a la economía familiar. Afortunadamente, nunca tuvimos que superar complicaciones, se enganchó perfectamente desde la primera vez que mamó, a mí no me salieron grietas ni tuve molestias dignas de mencionar y, después de los primeros días de incertidumbre (¿pero sacará algo de ahí?), nos acostumbramos ambas a la rutina y yo ni siquiera tenía que mirar el reloj porque ella, puntual como un inglés, me reclamaba lo suyo cada tres horas exactamente.

Ahora ya no pide tan a menudo, de hecho sólo pide cuando tiene sueño, cuando se da un croque gordo y cuando se despierta por la noche. Éste es mi talón de Aquiles, porque la muy puñetera se despierta mucho, una media de cuatro veces por noche. Durante el embarazo ya me fui haciendo a la idea de que iba a pasar mucho tiempo sin poder dormir 8 horas seguidas… yo, que tengo un récord personal de 16 horas como un tronco (sin salida nocturna previa ni apoyo de sustancias químicas ni nada por el estilo). Nunca te imaginas realmente cuán duro va a ser el no descansar bien. Y así me convertí en mamá zombi

L y yo captadas por el ojo del Gran Hermano casero

Siempre he envidiado a las madres cuyos bebés duermen del tirón toda la noche (que, por lo visto, es posible), y escuchaba esperanzada consejos del tipo:

  • “Cuando empiece a cenar los cereales ya verás cómo duerme como un tronco” (pues no lo vi).
  • “Cuando empiece a gatear ya verás cómo se cansa y por la noche cae redonda” (pues tampoco lo vi).
  • “Cuando duerma en su habitación, como no siente tu presencia ni tu olor seguro que se despierta menos” (negativo).
  • “Bueno, siempre puedes dormir con ella esas estupendas siestas de tres horas” (JAJAJA, ¿qué es eso?).
  • “Tendrá sed, dale agua y ya está” (si yo se la doy… pero ella no se la bebe).
  • “Eso es porque está obsesionada con la teta, se la tienes que quitar” (ah, claro, el “vicio”, ¿verdad? Grrrr…).
  • “Te voy a recetar unas gotas homeopáticas…” (sí, muchos de estos consejos provenían del pediatra).

En resumen: ninguna de estas cosas funcionó, y por si fuera poco mi desconsuelo, entre todos esos amables comentaristas (que siempre zumban alrededor de las madres primerizas como moscas cojoneras, con perdón) me empujaron a pensar que la niña se despierta mucho por “culpa” de la teta, porque está acostumbrada a ella para dormir y no puede volver a conciliar el sueño de otra manera. Que tal vez, si intentaba que la dejase sólo por la noche, podríamos descansar todos mejor. Bien, puede ser cierto, no digo que no.

Vale, pues lo intento: Operación Teta del Desierto en marcha. Me mentalizo. Me armo de valor. Lo voy a superar. Ella también. No es que la vaya a destetar, es que por la noche hay que dormir… Es lo mejor para todos. Es lista, lo pillará enseguida. Vamos, la cojo en brazos y la calmo sin teta…

Claro que lo pilló enseguida: algo diferente notó en mi actitud, porque nada más levantarla entendió mis intenciones y se puso a chillar como si la estuviera acuchillando, y se ponía tan tiesa que casi no podía ni sostenerla en brazos. No aguanté ni diez minutos. Lo siento, pero es que yo no puedo estar escuchando a mi hija llorar inconsolablemente, y mucho menos teniéndola en brazos, si sé que la solución a ese conflicto concreto (el suyo, obvio, el mío no) es darle teta y ya está. No hay forma más rápida y efectiva de que se tranquilice y se duerma. Sin teta, en vez de un minuto de angustia van a ser diez, o treinta, o cincuenta… uf, la sola idea me agobia. Y qué hago, ¿me deslomo acunándola hasta que se caiga de cansancio? ¿Le canto hasta que se duerma de aburrimiento? Dejarla llorar no es una opción para mí, ni hablar. Además va a llorar, esté o no esté yo delante, y si se duerme llorosa y yo me quedo estresada y con mal cuerpo, sintiéndome como una mierda porque la veo sufrir… Pues la verdad, prefiero quedarme con los cinco-diez minutos que tarda ahora en dormirse tan ricamente en la teta y que yo aprovecho para leer un libro electrónico o jugar al Candy Crush (sí, lo confieso, estoy enganchada).

Conclusión: abortada la operación y volvemos al plan inicial, es decir, que la naturaleza siga su curso y ya se destetará ella cuando le llegue la hora… y seguramente tampoco entonces dormirá la noche del tirón. Me pillaron con la guardia baja, pero ya he vuelto a mis trece. Pensándolo fríamente, no tengo ninguna garantía de que sin teta vaya a dormir más rato seguido. Ya madurará su ciclo de sueño, de momento somos muy felices así… bueno, yo lo sería más si descansara mejor, pero nadie dijo que esto iba a ser fácil. Hay que echarle un poco de paciencia y no tener tanta prisa, cuando me quiera dar cuenta se habrá ido de casa :_)

Habrá quien piense que la estoy malcriando, que me hizo “chantaje emocional”, que la dejé salirse con la suya. Pues bueno, las opiniones son muy respetables, de hecho siguen lloviéndome opiniones y yo trato de escucharlas con educación y respeto (lo cual espero sea recíproco), pero está claro que después haré lo que me salga de la peineta. De hecho, la mayoría de las conversaciones “controvertidas” que surgen sobre el tema terminan dejándome todavía más convencida de que, en nuestro caso concreto, la lactancia a demanda sigue siendo la mejor opción.

Una conversación en especial me ha dejado, como dice mi queridísimo primo A(2) remedando a no-sé-quién, “con el culo torcido y las patas vueltas”. Pero, como no quiero aburriros, ya os lo contaré otro día…