Nuestra lactancia en tándem (crónica de un destete)

Cuando me quedé embarazada de L tuve claro que quería darle el pecho, pero nunca me planteé cuánto duraría mi voluntad de hacerlo. Desde que la tuve en mis brazos defendí la idea de que lactaría todo el tiempo que ambas quisiéramos hacerlo, sin importarme las opiniones ajenas (sobre todo las poco versadas en la materia, que desgraciadamente son el 99%).

Sinceramente, nunca me imaginé que esta lactancia se juntaría con otro embarazo, ni mucho menos con otro bebé… pero así ha sucedido. Y todas las decisiones que he ido tomando han brotado básicamente del instinto, que es por lo que me guío casi siempre desde que soy madre: confío en él. Si mi bebé llora, necesito abrazarle; si mi bebé me llama, necesito acudir; si mi bebé me pide teta, necesito dársela.

Por eso no estaba preparada para todos los sentimientos que me invadieron con la lactancia en tándem, porque eran muy contradictorios respecto a todo lo que había dado por sentado hasta el momento y toda mi experiencia anterior con un solo bebé.

L, con sus dos añitos recién cumplidos, acogió muy bien a su hermana y desde el principio le mostró amor incondicional. Pero eso no significa que no tratara de marcar su territorio, como es lógico, por eso cada vez que N mamaba ella se nos pegaba como una lapa y también pedía su parte. Les di a la vez en unas cuantas ocasiones y enseguida me di cuenta de que aquello no era lo mío… y no por ellas, que se las veía encantadas mirándose la una a la otra, sino por mí, porque me sentía incomodísima, como ortopédica, sin poder moverme de ninguna de las maneras ni hacer absolutamente nada mientras durara la toma doble. Probamos varias posturas… pero no, definitivamente lo de las dos a la vez no me iba, así que decidí que mejor de una en una, lo que implicó poner una condición que había que cumplir sin excusas, al menos las primeras semanas de vida de N: prioridad a la pequeña.

A L le costó acatar la norma, se nos ponía literalmente encima, protestaba y me hacía jugarretas durante las tomas de N. Además, resultó que N era la niña micro: microtomas de diez minutos, microsiestas de veinte, y entre una y otra no daba mucho tiempo a hacer nada más. De vez en cuando se daba la situación de estar L mamando y empezar N a llorar, con lo cual me veía obligada a interrumpir la toma para atender a la peque, con el consecuente berrinche… y berrinche más berrinche no son dos berrinches, es una jaula de grillos de la que quieres escapar y no sabes cómo… sobre todo si la historia sucedía de noche, que era muchas veces. Creo que éste fue el principio del fin: en esos momentos me sentía desbordada, incapaz de atender a mis dos hijas como ellas me demandaban, me sentía frustrada y creía haber tomado decisiones equivocadas… en fin, la maldita culpa una vez más.

Después me he dado cuenta de que estas circunstancias se repiten con o sin teta… es lo que tiene ser dos contra una, no se puede estar a todo. Pero en aquellos primeros meses de bimaternidad, me atormentaba pensando que tendría que haber destetado a L antes y que no había sopesado con objetividad las posibles consecuencias. Las hormonas del posparto, que son muy majas.

Aún encima, tuve la mala suerte de sufrir dos mastitis en el pecho derecho. La primera fue bastante leve, en el cuadrante inferior; drenando el pecho con ayuda de las niñas y masaje local se fue sola. Pero la segunda… uf. La zona más pegada a la axila se me puso durísima, roja y caliente, y además empecé a tener fiebre, temblores, sudores fríos, una total falta de fuerzas y mucho, mucho dolor. Terminé en urgencias y tomando antibióticos durante una semana, y de recuerdo me quedó una perla de leche bastante incómoda, a la que mi ginecóloga restó importancia pero que estuvo ahí amargándome durante meses.

Total, que todo este cóctel de niñas llorando, tetas doloridas, hormonas descontroladas y cansancio infinito me empujaron a ir destetando un poco inconscientemente a L. En cuanto pasó la emoción por la novedad de la hermanita y volvimos todos a la rutina cotidiana, ella retomó sus horarios habituales, que implicaban mamar poco o nada durante el día: sólo al despertarse, antes de la siesta y si se llevaba un disgusto por un croque o una pataleta. Casi sin darme cuenta empecé a evitar las situaciones en las que me pedía: por la mañana me levantaba antes de que ella viniera a nuestra cama, y durante el día la distraía y la mayoría de las veces se olvidaba del tema. Poco a poco ella misma dejó de buscarla.

Pero aún faltaba la piedra de toque de nuestra lactancia: el sueño. L era totalmente dependiente de la teta para conciliar el sueño, y cualquier otra forma de dormirse era impensable y poco fructífera. Desde que se me pasara por la cabeza intentar el destete nocturno (ya os conté aquí cómo deseché la idea por parecerme imposible de realizar sin sufrir una jartá las dos), nunca había vuelto a pensar en ello porque, la verdad sea dicha, era lo más cómodo para todos: unos minutitos enchufada y como un tronco… ¿para qué cambiar el sistema? Pero claro, cuando entra en juego otro bebé y empiezan a despertarse la una a la otra en un bucle sin final, te lo vuelves a pensar.

Entonces empecé (instintivamente y sin meditarlo mucho) a negociar la teta (un término que leí por primera vez en esta entrada de la Mamá Corchea y que para mí fue absolutamente revelador). Pensé que si alteraba mínimamente su rutina de ir a la cama podría significar un gran cambio para todos y ella casi no lo iba a notar… así que le dije que en vez de tomar la teta en la cama justo antes de dormir, la tomaríamos en el sofá después de cenar y antes de lavarse los dientes (que por otro lado tiene mucho más sentido). Y como novedad, antes de apagar la luz leeríamos un cuento (hasta ahora no leíamos cuentos antes de dormir porque la excitaban muchísimo y luego era un suplicio que se relajara otra vez).

Para mi sorpresa, aceptó encantada la propuesta y empezamos a hacerlo así con bastante éxito. Algunos días se quedaba medio frita en el sofá, lo cual era una complicación… otras veces me la pedía igual y acababa dándosela para evitar males mayores, y además el tiempo de dormirse se ha alargado cuantiosamente, un rollo… pero la cuestión es que poco a poco ha dejado de depender de la teta para conciliar el sueño. Aunque no de mí… pero ésa es otra historia.

Las tomas nocturnas no las suprimimos… no hubo huevos. Afortunadamente, ella misma ha empezado a dormir las noches del tirón, con algunos altibajos pero buena media en general, así que esa batalla no he tenido que librarla (¡menos mal! era la peor con diferencia…).

No sabría decir con exactitud en qué punto de todo este proceso empecé a tener una reacción muy negativa cada vez que se acercaba el momento de darle el pecho a L. Por un lado quería seguir dándoselo hasta que ella se destetara espontáneamente, como siempre he deseado que ocurriera… pero no sé por qué de repente quería que lo dejase ya, que no me la pidiera más y punto, y esa especie de ansiedad fue en aumento y me empujó a forzar cada vez más la Operación Teta del Desierto. La sola idea de darle de mamar me causaba un rechazo brutal, y durante las tomas me sentía muy incómoda, incapaz de estar quieta, como si me diera corriente… y me entraban ganas de salir huyendo y eso me generaba mucho malestar porque… ¿por qué me sentía así? L notaba mi desasosiego y eso la ponía triste. Yo no quería verla así, por lo que busqué paliativos a mi propia incomodidad: le pedí que no me agarrara con las manos, y negocié con ella el tiempo de las tomas hasta reducirlo a la mínima expresión… y hasta rozar el ridículo, la verdad.

-Un minuto sólo, ¿eh? … Venga, ya pasó el minuto.

-Quero un poquito máaaas, mamiiii…

-Bueno… pero un minuto sólo, ¿eh?

Terminé apañándomelas para casi eliminar la toma de antes de dormir (prácticamente la única que hacía), con el pretexto de que se la daría sólo si se acababa toda la cena (rompiendo así la regla de oro de no utilizar la teta para castigar o recompensar). Y mientras mamaba, no hacía más que meterle prisa para que acabara rápido e incluso he llegado a hablarle mal, como si estuviera enfadada con ella… y eso es sin duda lo que peor me ha hecho sentir desde que soy madre. Mi dulce cachorrita, ¿qué culpa tendrá ella de mis desórdenes internos? Y yo no entendía nada de mi propio comportamiento y no quería sentir rechazo hacia mi hija, y sobre todo no quería dañarla de ninguna forma ni que ella sufriera ese rechazo. Pero esto… ¿es normal?

Agitación del amamantamiento

Foto-móvil terrible pero que ilustra perfectamente lo que estoy contando.

Caí en la cuenta de que algo me pasaba… me costó, ¿eh? Mamá zombi estuvo demasiado zombi esta vez. No me acuerdo qué puse exactamente en el buscador de San Google, pero lo primero que me salió fue esta entrada del blog Sencillamente Natural, escrita de una forma tan sincera y personal que, aunque el caso no se parece mucho al mío, me vi reflejada y pude respirar tranquila sabiendo que no estoy chiflada y que lo que me pasa es normal: es agitación del amamantamiento (nunca dejas de aprender en este empinado caminito que es la crianza…).

Otro palabro nuevo… una pena no haber encontrado esta información antes, porque tal vez lo habríamos sobrellevado un poquito mejor, al menos yo. Pero no voy a engañarme a mí misma: habríamos llegado al mismo punto, es decir, al destete progresivo, porque saber lo que me sucede no elimina ese instinto primario, esas ganas de cortar ya la lactancia con L… y aunque sea contradictorio para las dos y sea un poco difícil a veces, es lo que me pide el cuerpo y no voy a silenciarlo y a martirizarme. Las cosas han de salir naturalmente y ser motivo de paz y de alegría, no una tortura. Lo que me proporciona paz ahora es destetar a L y continuar con N. Punto pelota, no hay más que decir.

Después de todo este recorrido, puedo confirmar que hemos practicado la lactancia en tándem durante 7 meses y que tras 30 meses de pecho a demanda L está destetada del todo (si se despierta de noche y me pide le doy, pero en el último mes sólo ha pasado una vez). No ha habido destete espontáneo como yo soñaba… y ha habido momentos duros, pero creo que valorando todo en su conjunto hemos conseguido hacerlo despacito, teniendo en cuenta las necesidades de las tres (de N también) y sin grandes disgustos. Hoy por hoy L me dice “Mamá, N quiere teta” y puedo dársela delante de ella sin ningún problema, incluso a la hora de dormir. Ya no hay situaciones tensas, ni angustia, ni remordimientos por mi parte, ni sufrimiento y ansiedad por parte de L. Estamos bien :)

Ahora queda ver qué ocurrirá con N… ¿se repetirá la historia? Si vuelvo a tener agitación del amamantamiento, al menos ya sé lo que es… ¿Volveremos a vivir la lactancia en tándem? Quién sabe… yo, a pesar de los pesares, volvería a intentarlo.

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Lactancia durante el embarazo: mi experiencia

Esta entrada la empecé a preparar hace muchos meses, y se la había prometido a Pequeboom… que ya está viviendo su propia experiencia con su nuevo embarazo. ¡Enhorabuena y siento haber sido tan tardona!

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Antes de nada, hay que aclarar algunos mitos:

Es muy difícil quedarse embarazada dando el pecho.

Pues es cierto… a medias. La lactancia inhibe la ovulación y provoca amenorrea, si no me equivoco por la producción de la hormona prolactina (y no porque el bebé te succione toda la grasa de tu cuerpo, querida amiga S, si no todas las madres lactantes estarían en los huesos). Es un método anticonceptivo que la naturaleza pone en marcha para garantizar la alimentación del bebé los primeros meses de su vida, pero ojo:

  • No dura eternamente, y con eternamente quiero decir todo el tiempo que le des el pecho a tu hijo. El ciclo menstrual se reanuda con normalidad antes o después (depende de cada mujer). En mi caso, reapareció 14 meses después de dar a luz, y no dejé de darle teta a L. Durante ese tiempo no tomamos otras medidas para evitar un embarazo porque queríamos otro cuanto antes, pero éste no llegó hasta que le precedió la dichosa regla.
  • No es 100% fiable. Puedes quedarte embarazada antes de que te venga la regla, porque para tener la regla lo normal es ovular primero. Y si hay óvulo, hay probabilidad de embarazo. Mi gine me asegura que tiene pacientes que ni la han visto entre bombo y bombo.

Cuando L cumplió un añito, empecé a obsesionarme un poco con la idea de volver a quedarme embarazada (porque no quería retrasarlo mucho); busqué por la red información sobre el tema y leí las experiencias de otras madres, y entre otras cosas aprendí que la prolactina se segrega sobre todo de noche, así que supongo que si tu bebé se despierta poco para mamar, la regla te volverá antes. De hecho, algunas decían que habían provocado el destete nocturno de su hijo para favorecer la aparición del periodo y poder conseguir antes otro embarazo. Yo lo intenté, pero no fui capaz. Hoy por hoy me alegro de no haber podido… ¿para qué? A veces hay que relajarse y echarle un poco de paciencia.

Es verdad que con la vuelta de la menstruación parece que hay una franja de tiempo en la que la producción de leche desciende, pero dura poco (al menos en mi caso). Seguí dando el pecho con normalidad, y tardé dos ciclos en quedarme embarazada, o sea, nada.

Conclusión: esto depende de cada una, y punto.

 

Dar el pecho embarazada puede provocarte contracciones.

Tengo poco que decir a este respecto: parece ser que está sobradamente demostrado que esto es así, pero a mí no me sucedió ni una sola vez y di el pecho hasta el final de mi embarazo.

Lo de que sea peligroso o poco recomendable, también dependerá de cada caso o del médico con el que te topes. Mi ginecóloga me animó expresamente a “reenganchar con el siguiente” y en ningún momento me dijo que pudiera tener problemas por ello, y no los tuve. En cambio el pediatra sí que me dejó caer que habría que destetar a L antes de que finalizara el embarazo, pero no me lo argumentó, y luego debió de olvidarse y no me volvió a mencionar el tema (y yo me hice la sorda).

Otra cosa es que sea incómodo y cansado, que lo es, no nos engañemos. Pero también te deja para el recuerdo momentos muy bonitos. Yo recordaré siempre a L tomando su teta y acariciando la barriga donde estaba su hermana.

A las embarazadas que estén decididas a seguir dando el pecho les recomiendo encarecidamente: enseña a tu hijo mayor a no subirse en tu barriga ni darle golpes. Cuando antes le expliques que hay un bebé ahí dentro y que hay que tratarlo con delicadeza, mucho mejor para todos. Yo he tenido que reñir a L muchas veces porque se me tiraba encima, o me pateaba al mamar, al colechar o al cambiarle el pañal. Pero a mitad del embarazo ya tenía muy aprendido lo de la hermanita y que había que darle besos y abrazos, no patadas.

Y si tu bebé sigue despertándose para hacer tomas nocturnas, asegúrate de:

  • Tener agua a mano. Yo me he despertado por sed muchas veces desde que doy el pecho, pero más aún estando embarazada.
  • Tener pañuelos a mano. A mí mi hija me ha pegado varios resfriados, pero independientemente de eso durante el embarazo se moquea más, y cuando te levantas después de estar un rato echada, puede empezar a gotearte la nariz en el momento menos oportuno. Unas cuantas veces he acabado sonándome en la camiseta por no despertar al pobre papá zombi para pedirle un miserable kleenex.
  • Si te despiertas (o te despiertan), en cuanto puedas vete al baño. ¡Vete! En serio, aunque creas que no tienes ganas, tú ve a hacer pis: a mí cuando cambiaba de postura de repente (al incorporarme) me daban unas ganas horribles de desbeber. Y dejar a L en medio de la toma para ir al baño es garantía de cabreo, de despertar a papá zombi y de otro buen rato de propina sin poder volver a la cama.

 

Finalmente, si estás decidida a dar el pecho durante el embarazo, prepárate psicológicamente para aguantar a los comentaristas de turno.

-¿Pero todavía saca algo de ahí?

-¡Y yo qué sé! La que mama es ella, no yo…

Esto les dejaba fuera de juego un rato y yo cambiaba de tema antes de que me tocaran las narices con frases hechas del tipo “te usa de chupete”. En todo caso, los bebés usarán el chupete de teta, porque el reflejo de succión lo tienen todos, TODOS los bebés, y lo natural es chupar una teta, no chupar un cacho de plástico del que no pueden sacar nada.

Cuando la lactancia es prolongada, con el tiempo el niño va espaciando las tomas, y llega un momento en que tu cuerpo se regula y dejas de notar los típicos síntomas de madre lactante (pechos hinchados, reflejo de eyección, goteo, etc.). Al menos, ésa es mi experiencia personal. Durante mucho, muuuucho tiempo, bastante antes de quedarme embarazada incluso, fui incapaz de sacarme leche, ni a mano, ni con sacaleches manual ni eléctrico. Cero patatero hasta que nació N, que volvió a fluir el asunto. Pero L siguió mamando todos esos meses… y tengo la sospecha de que en realidad no sacaba gran cosa, simplemente le gustaba estar ahí arrimadica. A mitad del embarazo lo dejó un poco de lado y yo pensé que debido a la bajada de producción propia de ese estadio de la gestación terminaría destetándose, pero no fue así. Hacia el séptimo mes volvió a tener un repunte y me pedía mucho más, no sé si porque volvía a salir cosa rica de ahí o porque se acercaba el momento y ella lo intuía y estaba más mimosa. Y yo también noté que mis pechos volvían a llenarse y a prepararse para la llegada del nuevo bebé.

A mí lo que saque o deje de sacar me importa poco porque, señores comentaristas, les voy a contar un secretillo…

Los niños un poco crecidos no maman igual que un bebé recién nacido.

Esto parece de perogrullo, pero a veces me he visto en la situación de tener que explicarle al tocapelotas curioso de turno que L no tenía que mamar cada 3 horas obligatoriamente ni se tiraba una hora en la teta porque de eso no dependía ya su supervivencia. A medida que el bebé crece y va incorporando a su dieta otros alimentos, la leche materna toma otra dimensión y al final el valor nutricional pasa a un segundo plano (aunque sigue siendo un gran regalo para su salud). El pecho se convierte en un momento de acercamiento, de cariño, de tranquilidad, de mimos, un momento para relajarse y para sentir el calorcito de mamá. Y punto, no hay más vueltas que darle. ¿Esto es malo para el niño? Pues cada uno que piense lo que quiera, yo tengo claro que no.

A nosotros nos ha servido de mucho, no tuvimos que cambiar ninguna rutina hasta que llegó la pequeña, y cuando llegó, L tenía ya tan claro todo lo que iba a ocurrir que aunque sufrió su crisis (como es lógico, pasar de ser la única a ser hermana mayor es un gran acontecimiento), en ningún momento le vi ningún gesto de rechazo hacia N.

 

Con todo esto quiero decir que desde el principio casi todos se empeñaron en subrayar que la teta podía ser una fuente de conflictos: que podía darme problemas en el embarazo, que podía crear celos en un futuro, que ponía en peligro la salud de mi bebé, que ponía en peligro el equilibrio emocional de mi hija de dos años… todo comentarios negativos (salvo honrosas excepciones como mi padrino, que me preguntó con el mayor de los respetos y despojado de cualquier prejuicio. Un beso gordo, padrino).

Y la realidad es que no tuve ningún tipo de problema por ello, todo lo contrario: ha sido un factor muy positivo que me ha permitido crear un fuerte vínculo entre mis hijas (porque los primeros meses era prácticamente lo único que tenían en común), con el que he podido seguir muy cerca de L y no descuidar sus sentimientos. ¿Que todo esto se puede conseguir sin la teta? Por supuesto que sí, no lo dudo. Pero a mí me ha ayudado mucho seguir amamantando, y estoy orgullosa de haberlo hecho así.

 

A las que no lo tengáis claro, os animo a que lo intentéis. Si después no os sentís cómodas, siempre podéis cambiar de planes… pero por favor, no os limitéis a lo que os digan los demás: informaos bien, escuchad a vuestro cuerpo y a vuestros hijos, y sobre todo haced lo que os dicte el instinto. Seguro que estará bien hecho.

Y para que veáis que no soy una fanática de la lactancia materna a toda costa, en la siguiente entrega os explicaré cómo nos fue con la lactancia en tándem (que no fue tan dulce como durante el embarazo) y cómo y por qué hemos terminado destetando a L.

6 meses con N: segundo bebé, segundos que se escapan

Seis meses y medio ya… es increíble cómo pasa el tiempo. Dicen que el segundo bebé es más ligero de llevar… no es eso, es igual de laborioso, lo que pasa es que hay nuevos factores que alteran el producto: primero mi experiencia previa, que ayuda mucho en determinadas circunstancias y evita algunas preocupaciones innecesarias; segundo, que está L, quien todavía necesita ayuda para mil cosas y sobre todo atención. Y todo esto ¿en qué resulta? Pues en que el tiempo vuela mil veces más rápido porque estoy sumergida en una rutina trepidante y mientras N va creciendo yo no puedo evitar tener la sensación de que me lo estoy perdiendo.

En mi retina (e incluso en mi archivo fotográfico) tengo guardada como oro en paño la primera risa de L, la primera croqueta de L, el primer balbuceo, la primera papilla, los primeros pasos… ¿Y N? El propósito de documentar su crecimiento periódicamente en este humilde blog se pierde semana a semana porque me resulta dificilísimo encontrar tiempo para sentarme y ordenar mis pensamientos. Es imposible ser protagonista cuando tienes una hermana terremoto de 2 años y medio campando por casa. Aún así, cuando estamos N y yo solas siento esa conexión mamá-bebé que no creía posible repetir… pero ahí está, el puro amor que lo disuelve todo alrededor y hace que por unos minutos sólo viva para ella. Sólo por esto todo vale la pena.

Mi madre me contaba que cuando nació mi hermano (el segundo bebé de la casa), era muy serio y casi nunca se reía, y ella se torturaba pensando que era así porque no le daba la misma atención que me había dado a mí, la primogénita risueña. Con N me pasa lo mismo pero al revés: desde que tenía pocas semanas, cada vez que me acerco (o papá zombi, o L) se deshace en sonrisas, y al principio no podía evitar pensar que le hacemos poco caso y por eso se pone tan feliz cuando le dedicamos un momento. En realidad creo que es una cuestión de personalidad innata… L tenía toda mi atención las 24 horas del día y sin embargo de bebé era bastante seriota y más que sonreír te escrutaba. También era difícil arrancarle un balbuceo… N habla por los codos, silabea desde hace meses y ahora está en la etapa de descubrir su propia voz, y le da por ponerse a pegar berridos incluso a horas intempestivas (como el otro día, que se despertó a las 6 y se puso a gritar como si fuese un pastor llamando a las cabras).

Ha salido madrugadora igual que L… (buaaaaa, ¿por qué? ¡Esto no lo heredaron de mí!). Entre las 6 y las 7 se despierta todos los días. Los primeros meses era una gozada, por la noche la dejaba en la cuna y se dormía sola… y llegó a dormir 5 y hasta 6 horas seguidas. Ahora no, sobre las 8 de la tarde le da la hora y se pone muy irritable, así que la acostamos, y después se va despertando cada 2 o 3 horas hasta la 1 o las 2 de la mañana, que ya no hay forma de poder devolverla a su cuna y termina durmiendo con nosotros sí o sí. Pero en general nos deja descansar y espero que continúe así, aunque estoy mentalizada para pasar malas rachas como sucedió con L.

Come bien, pero se duerme… esto hace que tome solo de un pecho por toma, y que haga tomas muy cortas de entre 10 y 20 minutos, y luego microsiestas de la misma duración. Es un poco agotador, porque al final se me van las horas y no consigo terminar una tarea ni a la de tres. L se tiraba mamando 1 hora, pero después dormía 3… es increíble lo parecidas pero diferentes que son. Como ya toma fruta y estamos empezando a introducirle las verduras, se va regulando poquito a poco también en este aspecto. Y espero que también se le regule el tema cacas (tema estrella con los bebés, es inevitable y lo sabéis!): tiene muchos gases y es un poco estreñida… esto también tiene sus ventajas, porque es muy raro que se manche la ropa (con L todos los días había pringue).

Pide muchos brazos y demanda mucha atención: en esto sí son clavadas. Juega un poco sola, pero tienes que estar cerca y a poder ser a la vista, si no monta el pollo hasta que la cogemos en brazos. A veces no puedo evitar que llore un rato, porque tengo que atender a L o hacer cosas necesarias como ir al baño… y sigue siendo una sensación igual de horrible que al principio, no me deja pensar y siento que tengo que consolarla a toda costa.

Lo que sí lleva mucho mejor que L es el despertar: se despierta muy tranquila e incluso aguanta solita en la cuna bastante rato, mientras L se ponía a chillar ipso facto para que fueras a por ella.

Ya se sienta sola y se aguanta bastante bien, se echa para adelante y creo que dentro de poco empezará a sostenerse a cuatro patas y a amagar el gateo. Sé que L hizo su primera croqueta con 3 meses… no sé cuándo aprendió N, lo ignoro, pero lo tiene más que dominado. Cuando juega sentada se le escapan los juguetes y se enfada con ellos y les chilla. Le encanta que la cojan de las manitas y ponerse de pie… Y hay algo que me encanta y me tiene conquistada: que cuando nos acercamos a darle un cariño, siempre busca el contacto, extiende su manita y nos la pone en la cara. Ains…

Tiene mucho carácter. Como su hermana. Al final son como dos gotitas de agua :)

¡La teta es mía!

Hace poco fuimos a ver a unos amigos que tienen un niño de dos años y medio y una bebita que acaba de cumplir 2 meses. Yo tenía muchísimo interés en ver la reacción de L con el bebé, porque no ha tenido contacto con recién nacidos y, aunque le explico que N va a ser muy pequeñita y va a haber que cuidarla mucho y tratarla con mucha delicadeza, obviamente ella no puede hacerse una idea realista de lo que será la hermanita hasta que se materialice y la tenga delante de las narices.

Yo misma pensaba que me va a resultar difícil habituarme de nuevo a cuidar un bebito chiquitito, acostumbrada como estoy a mi peque de 10 kilos que ya es todoterreno. Pero cuando cogí a la pequeñina en brazos ¡me dio un gusto! Era como una pluma… Es verdad que esto es como montar en bici: esas mañas no se pierden.

Y L… en cuanto la vio se quedó asombrada, pero un segundo después ya estaba extendiendo las manitas hacia ella y dando grititos porque la quería coger. Me senté en el sofá y le expliqué que no era un juguete, que era muy chiquitita y que había que tocarla con muuuucho cuidado. Ella le tocó los pies, luego le cogió una manita, le dio un besito, le tocó la oreja… y ya empezó a coger confianza y a apretarle un moflete más de lo que me pareció oportuno, así que preferí dejarla en el moisés y decirle a L que mejor la mirábamos desde el sofá.

En eso estábamos cuando apareció su hermano por la puerta, y nada más verle L empezó a gritarle “¡No, no!” y a hacerle aspavientos con los brazos para que no se acercara al bebé. Por supuesto, el niño no le hizo ni caso y vino a hacerle caricias a su hermana mientras L se cogía un rebote de la leche y yo le decía que a ver qué era eso de protestarle a todo el mundo que se acercara, ¡que el bebé no era suyo!

Pasado un rato la mamá se dispuso a darle el pecho, y entonces “¡mamá, teta!” (culo veo, culo quiero). Le di una poca (ni dos minutos aguantó, claramente estaba marcando el territorio), y luego le recordé, como tantas otras veces, que la hermanita cuando nazca sólo va a tomar teta y que ella, que ya es mayor y come de todo, tendrá que dejarle el primer turno. Hasta ahora siempre había reaccionado positivamente ante este mensaje… probablemente porque no lo entendía. En ese momento respondió gritando “¡No, no!” y diciendo su nombre mientras se señalaba a sí misma con el dedo.

Los siguientes días estuvo un poco recelosa con el tema, cuando lo habitual era que ella misma se acercara espontáneamente a darle besos a la barriga, o caricias, o galletas o pedorretas, lo que sea. Me rallé un poco pensando que ese choque con la realidad que había tenido la había desilusionado y que ya no le interesaba tener una hermana.

Pero pasado un tiempo ha vuelto a lo de siempre, incluso a veces la menciona en sueños. Cuando toma teta siempre la nombra y acaricia la barriga, y además sigue con sus juegos cotidianos de cuidado de “bebés”: cambia pañales, alimenta y acuesta a todos sus muñecos y peluches uno por uno… incluso con alguno pequeño juega a que ella misma le da la teta. Por ese lado estoy tranquila, aunque sé que tendremos que trabajar muchas cosas: la exclusividad no es algo que se olvide de la noche a la mañana…

Para lo que no sé si estoy suficientemente preparada es para la lactancia en tándem… porque es hacia donde nos dirigimos inexorablemente: ya estoy de 7 meses y L sigue tomando teta, bastante poco y sólo para dormir, pero sigue, y lo más probable es que cuando nazca N la vuelva a reclamar más constantemente (su reacción frente a la bebita de mi amiga no me deja lugar a dudas).

Me estoy mentalizando, porque va a ser duro: durante los primeros meses, hasta que se establezca la lactancia de la pequeña, voy a tener que pelear mucho y dedicarle mucho tiempo a dar el pecho. Pero lo que más duro se me va a hacer, seguramente, es tener que escuchar tonterías de lo más variado (ya van unas cuantas y todavía no ha nacido N), así que ya estoy ensayando la cara de póquer, los “ajá, ajá”, y entrenando con el botón de on y off… porque, señores comentaristas amargamadres, no, NO NO NO voy a dejar de amamantar a L porque a ustedes les parezca inapropiado, peligroso, pueblerino, poco práctico, imposible o lo que sea que se les pase por sus desinformadas cabezas. Sólo dejaré de hacerlo por recomendación médica (bien argumentada y basada en pruebas, no un simple “deberías…”) o porque yo, física o psicológicamente, no me sienta capaz de continuar adelante. Es MI opción y la de mis hijas, MI TETA ES MÍA y la uso para lo que yo quiera.

Y punto en boca. La mía… vamos, que no tengo nada más que añadir al respecto. Ustedes digan lo que quieran, pero no esperen que les haga caso.

La leyenda era cierta… ¡Dormir es posible!

Papá zombi y yo estamos pletóricos de alegría: ¡L HA DORMIDO SU PRIMERA NOCHE DEL TIRÓN!

(Perdonadme un minuto mientras me levanto para hacer un baile ridículo por el salón).

¡Oéeeee oé oé oéeeeee!

Después de un pico de tetitis aguditis durante los primeros meses del embarazo de la hermanita, se han juntado una serie de factores (o eso me figuro yo) que han hecho que las aguas vuelvan al cauce que seguían hace unos meses, cuando L sólo pedía teta cuando tenía sueño o cuando se daba un golpe. A saber:

  • Casi han terminado de salirle las dos muelas de abajo, con lo que ya tiene un juego completo y está comiendo de maravilla; incluso los trocitos de carne que hasta ahora se le hacían bola, los mastica concienzudamente y se los traga sin problema.
  • Con la llegada del calor bebe mucha más agua y otros líquidos. Se ha hecho fan del zumo de naranja: si le dejamos, es capaz de beberse el suyo, el mío y el de papá zombi (no le dejamos porque tanto ácido no es nada recomendable para la piel de su culo, os lo digo por experiencia…).
  • Estoy ya casi en el ecuador del embarazo, y según los estudios en la franja de los 3-4 meses de gestación desciende mucho la producción de leche materna, con lo cual es probable que L termine destetándose espontáneamente, como muchos niños lactantes en su mismo caso.

Llevamos una racha muy buena de noches plácidas en las que se despierta sólo una vez y al principio o al final de la noche, y eso que esta semana se ha vuelto a poner malita y estamos otra vez con mocos y jarabes (y además, con tos de regalo). También está aprendiendo a acostarse sola en su cuna cuando llega la hora de dormir y a relajarse mientras le canto un poquito, incluso se ha quedado frita un par de veces sin teta. Es un pequeño gran hito que nos ha hecho muy felices.

Pero lo de hoy merece ser marcado en el calendario. A una semana de cumplir los 20 meses, por fin, ¡POR FIN! nos ha dado la inmensa alegría de dormir una noche del tirón, desde las 21:30 que se quedó dormida hasta las 8:00 que la tuvimos que despertar para ir al cole… ¡si la dejamos seguro que sigue un rato más! A ver qué pasa mañana, que es sábado y no hay que madrugar

Cuando pienso en las semanas que me quedan para poder dormir a gusto antes de que el calor y la barriga empiecen a molestarme de verdad… son pocas, ya lo sé, pero antes eran 0. ¡Me siento muy positiva! Se nota que yo también he dormido toda la noche del tirón…

Pero por encima de todo, me siento feliz y orgullosa por haber aguantado el tipo todos estos meses, aunque a veces ha sido duro. Las cosas han sucedido en el momento que tocaba, y me siento muy satisfecha viendo cómo L va madurando sus ritmos pasito a paso, sin tener que forzarla ni pasarlo mal los tres. Parece que fue hace un siglo cuando me planteaba la Operación Teta del Desierto, y sólo han sido 4 meses más de altibajos… Lo está consiguiendo mucho antes de lo que nos esperábamos, es maravilloso.

Por supuesto, esto no ha terminado. A ver qué tal pasa los meses de calor, a ver si realmente se desteta por completo o no, a ver qué sucede con la llegada de N… Pero está claro que vamos por el buen camino.

El que inventó la expresión

Tomo prestada esta imagen del Club de Malasmadres. ¡Cuánta razón!

Lactancia prolongada = polémica asegurada

La Operación Teta del Desierto está muy instaurada en nuestra sociedad, y por todas partes surgen de repente agentes secretos que te sorprenden bombardeándote con comentarios absurdos con la intención de minar tu moral y empujarte cada vez más al destete, sobre todo si tu bebé ya es “mayor” (¿un bebé de 15 meses es mayor? Por favor…).

Ya, ya sé que la mayoría de la gente tiene sólo buenas intenciones. Pero ¿por qué todo el mundo se cree en situación de opinar sobre este tema?

Para muestra, un botón:

  • “Lo que sale ahora es agüilla”.
  • “A esta edad la leche materna ya no le alimenta”.
  • “Eso ya no es necesidad, es vicio”.
  • “Es mucho más cómodo darle el biberón”. (Ésta es una de las chorradas más gordas que he oído en mi vida).

Y alguno más que seguro me dejo en el teclado…

Pero hace poco tuve una conversación en concreto que me causó un cortocircuito cerebral y me dejó absolutamente sin palabras. Ésa que os prometí que os contaría, ¿os acordáis? La identidad de la persona no viene a cuento, en realidad podría haber sido cualquiera, así que la llamaremos simplemente *persona*. Y las circunstancias en las que tuvo lugar el diálogo tampoco son relevantes, lo mismo podría haber sido en casa de un conocido que en la parada del autobús; lo que importa es el contenido. Ahí va:

PERSONA: -¿Y hasta cuándo tomó pecho?

MAMÁ ZOMBI: -Todavía toma.

P: -Ah… ¿y hasta cuándo piensas seguir dándole?

MZ: -Hasta que ella quiera.

P: -¿Hasta los ocho años?

Aquí mi sentido arácnido (y mi sentido de la lógica también) me alertó de que la conversación empezaba a ir por derroteros que no me interesan. A estas alturas ya paso de empezar a recitar datos sobre lo que recomienda la OMS y sobre estadísticas de destete natural y demás cifras aburridas, así que intenté vagamente echar balones fuera:

MZ: -Huy, no creo que le dure tanto. No le gustan las cosas de bebés: ni el chupete, ni el biberón, ni las comidas trituradas… además, queremos tener otro niño pronto, así que en cuanto asocie…

P: -¡Buf! Pues más a mi favor. ¡Tienes que destetarla cuanto antes! Si no va a generaros un problema tremendo, de verdad. Yo lo veo en mis nietos: el mayor ahora se siente destronado. Claro, ha llegado un enano y le ha quitado su cuna, sus juguetes, ¡su teta! Tenemos que tener un cuidado tremendo con él porque quiere matar a su hermano. ¡En serio! Le pega cada torta…

Inciso: no tengo ninguna intención de ridiculizar a esta familia ni reírme de la situación con sus pequeños, que no dudo será difícil. Pero no me negaréis que es un poco surrealista que te hagan estas declaraciones así a bocajarro. Cada niño es un mundo, por lo que pensar que todos los niños van a reaccionar igual ante determinada situación a mi entender es un error. Con la llegada de un hermanito es normal que tengan algo de pelusa, haya teta o no haya teta de por medio, y hay que prepararlos para ese momento. Pero bueno, como mi boca se había ido abriendo progresivamente y de ella no salía nada, la persona se volvió hacia papá zombi y le dijo:

P: -Es como si de repente aparece otro maromo en tu casa y pretende que compartáis a tu mujer. Pues tú le querrás matar, ¡normal!

Menuda comparación. Sin comentarios. Yo sigo sin poder cerrar la boca.

P: -En realidad los niños generan esta dependencia sobre todo por el olor que emanan unas glándulas que hay entre los pechos. Las tienen todos los mamíferos. Ahora están fabricando unos collares para perros con su aroma para que se tranquilicen…

WTF??????

Ignoro si esto está científicamente demostrado, yo es la primera vez en mi vida que lo escucho… y no sé a qué viene sacarlo a colación cuando hablamos de SERES HUMANOS con consciencia y con poder de decisión. ¿O van a utilizar esos collares para impulsar el destete forzoso de los cachorros de perro? En fin, a estas alturas de la película yo ya había decidido que no iba a meterme a discutirle nada a *persona* y que lo mejor era asentir con la cabeza y decir “ajá, ajá”.

P: -Además, si quieres quedarte embarazada de nuevo, tienes que tener cuidado, porque la estimulación de los pechos provoca contracciones. A mi hija le pasó.

Pues muy bien, esto sí lo sabía, pero creo que llegado el momento, y suponiendo que L todavía le dé a la teta (que no hacemos más de adelantar acontecimientos), dejaré que lo valore el médico que me lleve el embarazo. Me parece lo más lógico. Podría haberle hablado de la lactancia en tándem… pero ¿para qué? Ajá, ajá.

Y por si todo este chorreo de informaciones random y razonamientos sui géneris fuese poco, le puso la guinda al pastel:

P: -Ahora todo este rollo de la crianza con apego está de moda, pero no se puede ser más papista que el papa: hay que pensar en lo que es mejor para cada niño.

Mamá zombi pone cara de póquer y a otra cosa, mariposa.

Yo no soy una defensora acérrima de la crianza con apego en plan dogma de fe, pero me parece que sus propuestas son de sentido común. No creo que sea una “moda”. Los niños son personitas en formación, tienen otros ritmos vitales y otras necesidades, y los adultos tenemos que estar ahí para que se sientan protegidos, escuchados y queridos. Y de todas formas, aunque fuese una fanática de esta corriente, es mi elección como madre y no veo por qué nadie tiene que ponerla en tela de juicio.

La gente se aventura a hablar muy alegremente de estos asuntos tan personales cuando, por regla general, no está ni la mitad de informada que las madres que estamos criando a nuestros bebés. Además, espero que todos partan de la base de que las madres tratamos de hacer lo mejor para nuestros hijos y la unidad familiar en general. Esto cae de cajón, vamos. Yo pienso que la lactancia materna a demanda es lo mejor, obviamente, si no no lo haría. Pero no voy por ahí echando sermones al resto de madres ni me meto en sus vidas, cada una tiene sus circunstancias concretas y su criterio y en base a eso habrán tomado sus decisiones.

A mí no me molesta el hecho de que me hablen de todo esto y generen un debate, al contrario, me parece muy sano. Ni siquiera me molesta que se atrevan a darme consejos, porque sé que en el fondo lo único que pretenden es ayudar. Lo que no me gusta es ese tonillo paternalista que me hace sospechar que me están juzgando como una madre permisiva e irresponsable, y ese despotismo con el que me dicen lo que tengo que hacer sin preguntarme siquiera el por qué decido dar o no dar el pecho.

Yo antes de ser madre también tenía una opinión prejuiciosa sobre conceptos que realmente sólo conocía de oídas, como la lactancia a demanda y el colecho, pero afortunadamente vivimos en la era de la información y he podido leer mucho sobre todos estos temas, además de nutrirme de mi propia experiencia con mi hija, que al fin y al cabo es lo más importante. Los prejuicios infundados de los comentaristas de turno no me van a hacer cambiar de idea.

Para finalizar ya este discurso reivindicativo que me estoy marcando, una petición: RESPETO, y dejen a cada cual vivir su vida y su maternidad como mejor le parezca. Hombre, ya.

*Por qué se aconseja lactancia materna hasta los dos años o más.