El idioma de Lela… en vías de extinción

Hasta hace pocos meses L no sabía decir su nombre y se refería a sí misma como Lela. Algunos familiares la corregían constantemente, pero a ella le salía así (aunque su verdadero nombre es igual de fácil de pronunciar). Otras personas incluso empezaron a llamarla Lela cariñosamente. Para nosotros no tiene significado peyorativo porque Lela es un personaje de una obra teatral gallega, de Castelao, para la que este genio compuso una preciosa canción también llamada Lela que siempre me ha emocionado muchísimo.

Me hacía mucha gracia y me resultaba muy tierno que se llamara así… Pero ya hace tiempo que aprendió a pronunciar bien su nombre real, y Lela ha dejado de estar en nuestras bocas al igual que otras muchas palabras que L decía a su manera:

  • Cochete: Chocolate.
  • Colol: Colacao.
  • Leletas: Galletas.
  • Pepino: Pimiento.
  • Bujeja: Hamburguesa.
  • Munininas: Gominolas.
  • Luyul: Yogur.
  • Fefela: Cerveza.
  • Tonón: Tenedor.
  • Cacheta: Chaqueta.
  • Catinines: Calcetines.
  • Min: Dormir.
  • Cabaló: Pocoyó.
  • Pepenel: Papá Noel.
  • Micasau: Mickey Mouse.
  • Buguitis: Bigotes.
  • Pújel: Puzzle.
  • Bubujos: Dibujos.
  • Mosto: Monstruo.
  • Quiminos: Cumpleaños.
  • Pofolol: Por favor.
  • Enonoma: Era broma.

Poco a poco L aprende a decir las cosas correctamente y este idioma propio que tanto nos costó descifrar al principio va desapareciendo inexorablemente… y tengo que reconocer que me da un poco de pena.

L ha cumplido ya dos años y medio y habla por los codos (en casa, con los extraños sigue siendo muy vergonzosa). Ya construye frases y se puede mantener una conversación con ella, aunque a veces le da por jugar a hablar de forma ininteligible. De la etapa de ahora me hace mucha gracia la mezcla que hace del castellano y el catalán: escucheu la musiquitita, quitemos la cacheta, ya acabit… es como si dijera los verbos en español pero los conjugara en catalán. Y luego nos deja con la boca abierta diciendo cosas tan bien dichas como: ¡No quepo! Alucina…

Es fascinante descubrir a través de ella misma cómo ve el mundo, cómo trata de contarnos lo que le sucede en el día a día y cómo la fantasía se filtra siempre en su realidad y se hace sus propias composiciones de lugar, a veces muy divertidas.

La música es muy importante para ella y ahora ha aprendido a cantar y lo hace a todas horas: En la granja de Pepito, La vaca lechera, villancicos… Los hits del momento son Pin Pon, Susanita tene un datón y El patio de mi casa es pequilulal. Cuando no se sabe la letra se la inventa y punto. También canta muchas canciones que les ponen en la escuela, algunas las conseguimos identificar y otras no. Por ejemplo: en carnavales hicieron un pasarrúa con música y justo después empezó a pedirme insistentemente que le cantase “la canción de teteté“… yo no tenía ni idea de qué estaba hablando hasta que se me encendió la bombilla y me di cuenta de que se refería a ésta:

Es graciosísimo ver cómo agudiza su (ya de por sí) voz de pito para hablar con su hermanita. Y además, es capaz de verbalizar sentimientos: L tiste, L enfadada, L contenta… esto es fantástico cuando tenemos algún conflicto, la comunicación es más fácil y podemos ayudarla mejor a conocer sus emociones y canalizarlas. Incluso hace comentarios críticos del tipo Este papi es loquito, o nos echa la bronca: ¡Oy-oy-oy mamá! Te partes.

Pero sin duda lo que más nos gusta escuchar es

Te quiedo mucho

Ains… :_)

L en julio (21 meses)

Este mes los mayores avances son en el lenguaje: cada vez te esfuerzas más por expresarte e intentas nombrar las cosas, no te limitas a señalarlas como hasta ahora. Es un gusto verte aprender :)

  • Nos explicas un montón de historias, la mayoría de las veces no entendemos ni la mitad… pero es fascinante escucharte.
  • Coges de las estanterías libros o cartas, o simples papeles escritos, y finges que lees en voz alta. Sientas a los muñecos en el sofá y les “lees” cuentos.
  • Tu vocabulario se ha ampliado: MANO (mano), PATO (pato), COTO (coche), COCO (golpe), PETA (puerta), ATA (salto), TU-TU (silbato)… Ya dices más palabras de tres sílabas: MANANA (mañana), PAPATO (zapato), y PATATA te sale bien todas las veces.
  • Una de las nuevas palabras que más dices es PISHI (piscina). En la escuela os ponen a remojo en piscinitas hinchables tres días a la semana y se ve que lo disfrutas. Hay que destacar que el miedo al agua desapareció como por ensalmo el primer día que fuimos a la playa: ahora quieres estar todo el rato saltando las olas aunque te entre el frío, y a la piscina comunitaria ya no me atrevo a bajar sola contigo porque literalmente te tiras.

Al agua patos

¡Olitas a mí!

  • Dices algunas palabras haciendo un sonido graciosísimo con la lengua, que suenan más a onomatopeya que a palabra y que no tengo muy claro cómo transcribir, pero lo intentaré: MRLON (melón), MRLADL (mermelada).
  • A veces tenemos algún problemilla de entendimiento porque reciclas palabras para utilizarlas con otro significado, como por ejemplo PIS, que también quiere decir “pies”, o PATATA que también significa “pelota”. Me sorprendió muchísimo que empezases otra vez a decir “teta, teta” a todas horas, sonriendo de oreja a oreja y haciendo un bailecito, pero no estabas muy interesada en la teta en sí… Por fin he descubierto que lo que quieres decir es “tetera”, por la canción de la taza y la tetera (os la ponen mucho en el cole).

  • Con la llegada del verano y las vacaciones, el patio se ha llenado de vecinitas ansiosas por jugar contigo. Tú te mueres de curiosidad, pero son un poquito mayores y al final te acabas agobiando porque no quieres que te cojan de la mano, ni que te hagan correr. Eso sí: más vergonzosa no podías salir (defecto que heredaste de tu madre, ¡qué le vamos a hacer!).
  • Comidas nuevas que has probado: los champiñones (no te gustan); los quesitos en porciones (te encantan); los mejillones (troceadísimos con fideos y salsa de tomate, con lo cual no te diste mucha cuenta, pero te los comiste todos); los percebes (entre la abuela, papá zombi y yo no dábamos abasto para pelártelos. ¡Cómo se te notan los orígenes!).
  • Y por fin, ¡por fin! te comes la carne a trocitos sin que se te haga bola. Estás comiendo fenomenal y apenas hay que ayudarte, ¡eres una campeona!
  • Tema orinal: ni p’alante ni p’atrás. Te sientas en él muy a menudo, pero no haces nada. En una cosa sí hemos avanzado: cuando te vas a hacer pis dices ¡CACA! (sí, hay un poco de confusión con todo este asunto, pero ya te irás aclarando). Es tan inminente que no da tiempo a sentarte en el orinal, pero lo importante es que tú te das cuenta. Lo mejor es que has empezado a sentar a todos tus peluches en los vasitos apilables, al grito de ¡PIS! ¡PIS!

Meódromo

Instalación de meódromo en el salón

  • Y por último: las noches del tirón ya son la tónica general, ¡es la felicidad suprema! Si ahora dejaras de madrugar tanto ya sería la repera… :)

Todo llega a su debido tiempo, no vale la pena agobiarse ni meterte prisa ni pasar malos ratos. Ahora ya lo sé y con N seguro que no me preocupo tanto porque sí. ¡La experiencia es un grado!

Pobres gatos…

El gato se esconde...

El repertorio familiar sigue aumentando a medida que buceo en mis recuerdos y rescato canciones de infancia que ya tenía olvidadas. Y entonces me doy cuenta (otra vez) de que, además de mamá zombi, soy un poco mamá gallina, porque algunas no me parecen nada apropiadas. Ésta, por ejemplo, ha habido que modernizarla un poco:

Estaba la pastora, lará lará larito
Estaba la pastora cuidando el rebañito, cuidando el rebañito
Con leche de sus cabras, lará lará larito
Con leche de sus cabras se fue a hacer un quesito, se fue a hacer un quesito
El gato la miraba, lará lará larito
El gato la miraba con ojos golositos, con ojos golositos
Como metas la pata, lará lará larito
Como metas la pata…

A partir de aquí mi memoria no lo tenía muy claro, así que recurrí a San Google para despejar dudas. Lo que me encontré me pareció terrible: gatos maltratados a los que les cortan el rabito/hociquito/pescuecito o, en el peor de los casos, gatos asesinados a manos de pastoras con muy mal pronto, a las que luego atormenta el sentimiento de culpa y van a confesar su crimen a curas que de penitencia piden besitos… ¡todo por un miserable queso! ¿Pero en qué mundo mágico y bucólico vive esta pastorcilla de pacotilla? Está claro que mi madre también censuró este final…

Aquí hace falta una revisión del clásico, así que he rehecho la canción y ahora le canto la segunda parte tal que así:

Como metas la pata te tiro del rabito, te tiro del rabito
El gato hincó la uña, lará lará larito
El gato hincó la uña y lo estropeó un poquito, lo estropeó un poquito
La pastora enfadada, lará lará larito
La pastora enfadada se acercó despacito, se acercó despacito
Te perdono el castigo, lará lará larito
Te perdono el castigo si me das un besito, si me das un besito
Así hicieron las paces, lará lará larito
Así hicieron las paces y comieron quesito, y comieron quesito

El tema del chantaje tampoco me hace mucha gracia, pero mejor que la pastora chantajee al gato y no que el cura chantajee a la pastora… vamos, digo yo. La cosa es que al final hagan las paces, compartan el queso y no haya asesinatos de gatos. Lo cual me recuerda a aquella otra canción que cantábamos jugando a las palmas:

En la ca-lle-llé veinticua-tro-tró
Ha habi-do-do-dó un asesinato-tó
Una vie-ja-já mató un ga-to-tó
Con la pun-ta-tá del zapa-to-tó
Pobre vie-ja-já, pobre ga-to-tó
Pobre pun-ta-tá del zapa-to-tó

A mí el único que me da pena es el gato.

También está ese otro gran éxito popular de nuestra infancia: el señor don Gato, que se caía del tejado y se quedaba hecho fosfatina cuando le hacían saber que le habían apañado un matrimonio. Qué bonita historia…

¿Por qué esta inquina hacia los gatos en general? Eso de que tienen siete vidas no es cierto en el sentido literal de la expresión… En fin, considero que en estos casos la censura materna es necesaria y no voy a dudar en practicarla. Cocorocó

La gallina Marcelina

L es muy musical. Desde que era muy pequeña baila todo lo que tenga un mínimo de ritmo. A la tele sólo le hace caso cuando hay música, para mi felicidad. Y hace pocos días ha aprendido a “cantar” y va cantando todo el tiempo mientras damos el paseo o simplemente mientras camina de un lado a otro del pasillo (leru-leruleru-leruleru… y así toda la tarde).

Yo le canto mucho y de todo, y como hay que ir renovando el repertorio porque mi público es muy exigente y se aburre rápido, me sorprendo a mí misma recordando joyas líricas de mi infancia que tenía olvidadísimas y que de repente vuelven a mi mente intactas, como si las hubiese cantado ayer por última vez. Por ejemplo:

La gallina MarcelinaClo, clo, clo, cantemos a la vida

Clo, clo, clo, cantemos a la aurora

Clo, clo, clo, yo soy una gallina

Clo, clo, clo, con pico de oradora

Cantemos, hijos míos (pío, pío, pío)

No le temáis al frío (pío, pío, pío)

Yo soy una gallina con mucha tradición

Pues era de mi abuela el huevo de Colón

(Pinchando en la imagen, podéis ir a la entrada original del blog mencionado y escuchar el cuento completo).

Después de la epifanía vienen las preguntas… ¿y de dónde era ésto? Y no puedo evitar bucear en estas lagunas de mi memoria: pues después de rastrear por YouTube y no encontrar más que reconstrucciones horribles con tufo a sintetizador, busco en San Google directamente y encuentro la obra completa en Música: lo que dejamos atrás. Gracias, autor(es) de este blog, por devolverme un pedacito de mi infancia. Resulta que la canción pertenecía a un cuento, una versión de la fábula de la cigarra y la hormiga en la que la protagonista es una gallina capaz de sacar un pan entero de un grano de trigo… hay que ver qué apañada, casi mejor que la gallina de los huevos de oro.

El cuento es viejuno que no veas y de dudoso valor pedagógico, bajo mi punto de vista. Se podría abrir un buen debate al respecto… a mí me parece que el “pues ahora te jodes” que podría pronunciar Marcelina en una hipotética traslación del cuento al siglo XXI no es una buena lección para enseñarle a un niño.

Pero lo escucho y me aflora una sonrisa nostálgica. Y la canción me sigue haciendo mucha gracia.