Chup-chup 5: la letra S

Boolino sigue ofreciéndonos la oportunidad de leer sus libros y opinar. ¡Gracias! (Altamente recomendado: Boolino Book Box).

Hoy le toca el turno a Chup-chup, una colección de la editorial Salvatella pensada para aprender a leer “a fuego lento” (de ahí el nombre) que se compone de 20 libritos, cada uno dedicado a uno o varios fonemas. Hemos recibido Chup-chup 5, dedicado a la letra S.

Chup-chup 5

Consta de 16 páginas, y en cada una de ellas encontramos una frase escrita dos veces, una en mayúsculas y otra en tipo caligráfico, en la que se incide mucho en la letra que se está trabajando (lógicamente).

saratose

Las ilustraciones son coloridas y bastante amables, y la inclusión del texto repetido me parece una gran idea para el aprendizaje de las mayúsculas y minúsculas, y también la diferenciación entre letra caligráfica o de imprenta.

Como aspecto negativo diría que la historia en sí misma es un poco floja, pero es comprensible dado que al tener que utilizar el mismo fonema todo el tiempo no resulta fácil hilar un cuento con principio, nudo y desenlace. A mí me ha recordado al mi mamá me mima de los cuadernillos Rubio de nuestra infancia… no era emocionante leerlos, pero cumplían su función. En este caso sí hay una intención de construir un cuento que despierte un poco más el interés del niño, y yo creo que aunque la historia no sea redonda sí que hay una mejora en este aspecto.

L todavía es un poco pequeña para aprender a leer, pero el libro le gustó y mostró curiosidad por los dibujos y la repetición del sonido S. Cuando empiece con el abecedario, ¡esta letra se la sabrá al dedillo!

Un cuento sobre arte: Miró. Un artista con imaginación

¡Por fin nos ha llegado el primer libro de Boolino para reseñar! Había pedido uno distinto, pero se extravió… una pena. En su lugar muy amablemente nos enviaron éste:

Miró. Un artista con imaginación

Pertenece a una colección titulada El jardín del Arte que promete mucho: acercar el mundo del arte a los más pequeños con una visión limpia de ideas preconcebidas y de datos aburridos, y además darle un enfoque práctico mediante la recreación libre de una obra del artista propuesto. El planteamiento es fantástico y el libro no nos ha defraudado.

Pese a estar recomendado para mayores de 3 años, L (que aún no los ha cumplido) lo ha disfrutado mucho y me pide frecuentemente que lo miremos. Supongo que porque visualmente es muy atractivo, lleno de ilustraciones muy coloridas que no se limitan a reproducir los cuadros de Miró, sino que hacen que sus particulares personajes salten de las pinturas para inundar todas las páginas del libro. Además, es muy ligero de leer pese al tema que, a priori, puede parecer un poco farragoso, e invita constantemente al niño a participar observando y dando su opinión.

Está estructurado en tres partes: Seis cosas que te gustará saber, Taller de arte y Datos que te pueden interesar.

En la primera se aborda el tema de la imaginación, una explicación muy sencilla de lo que es y cómo amplía y mejora nuestro mundo, y cómo Miró dio rienda suelta a su imaginación para crear su propio universo artístico, libre y único. También introduce un concepto más técnico: la temperatura de los colores (fríos, cálidos y templados).

"El gallo" de Miró

En el Taller de arte se analiza “El gallo” de Miró y se anima al niño a replicarlo mediante la técnica del papel rasgado (cortar papeles de colores con las manos y pegarlos para construir las distintas formas).

Por último, una breve biografía del artista y unos pocos datos históricos que lo sitúan en su época (nada aburrido, casi todos relacionados con inventos, muy interesante para que los niños se hagan una idea de cómo eran las cosas hace no tantos años…). L de momento no muestra ningún interés por esta parte… pero todo se andará.

Por supuesto no nos hemos limitado a leerlo, sino que hemos hecho la actividad del collage… aunque al final nos hemos decantado por recortar los trozos de papel en vez de arrancarlos, porque si no era difícil que nos saliera parecido y L para esas cosas es, de momento, muy cuadriculada. Es algo que trabajaremos: se lo pasó tan bien y se ha quedado tan contenta con su “gallon” (idioma L) que no descarto hacer otros animales o lo que se tercie.

El gallon de L

Ojalá la propuesta cuaje y hagan más libros para la colección (de momento tienen otros dos, dedicados a Van Gogh y El Greco).

Yo estudié Bellas Artes y sé de primera mano que es una materia muy difícil de tratar porque no hay un término medio entre los entendidos y los profanos. Mucha gente ajena al arte, cuando visitábamos museos o les enseñaba mis propias pinturas (cuando yo pintaba, allá por el Pleistoceno…), era incapaz de hacer un juicio libre basado en sus propias sensaciones por miedo a parecer un ignorante, y la mayoría acababan diciendo eso tan manido de “yo no entiendo de esto”. Siempre he creído que el arte no es una mera cuestión de conocimientos, sino de impresiones, de sentimientos, con lo que cualquiera puede disfrutarla y dar su opinión, ¿por qué no? Yo he aprendido muchísimo de los comentarios de personas que teóricamente no tenían ni idea de lo que estaban diciendo… precisamente por eso sus ideas eran interesantes. En este libro he encontrado ese espíritu libre de prejuicios y por eso lo aplaudo.

Cuña publicitaria: si no conocéis Boolino book box os lo recomiendo encarecidamente.

My little book box, ¡a leer!

Qué bien me viene que ayer por la mañana nos llegara la My little book box de este mes, porque hace ya diez días que me han confirmado que soy bloguera afiliada de Boolino, gracias a Madresfera. O sea, que desde hace diez días tengo pendiente poner el banner en el blog y contaros por qué me suscribí yo en su día y lo bonita que es su propuesta.

Para muestra, un botón:

My little book box

La presentación, a mi parecer, es inmejorable. En todas las cajas (salvo alguna especial, como la de este agosto) vienen estas tres cosas:

  • El cuento escogido.
  • Una guía de lectura con muy buenas ideas para sacarle todo el partido al libro.
  • Unos sobres con manualidades relacionadas con la temática del libro, y su hojita de instrucciones.

Si mal no recuerdo, la primera vez que tuve noticia de esto de My little book box fue leyendo el blog de Diana. Me picó muchísimo la curiosidad y fui corriendo a su página a ver de qué iba el asunto. Mi primera impresión, para qué negarlo, fue que era un poco caro. ¿Casi 20 euros al mes por un cuento? No lo veo…

Pero a medida que fui encontrando comentarios positivos de otras madres, me fui animando. Además, soy una gran amante de los libros, y L también: desde bien pequeña disfruta muchísimo mirándolos, ¡aunque no tengan dibujos! Incluso finge que lee desde hace unos meses; es muy divertido porque puede estar sujetando la guía de teléfonos al revés, pero ella lee con una maravillosa entonación de cuentacuentos xD

Los libros siempre son bienvenidos en casa, y me encantaría ir creando poco a poco una buena biblioteca infantil… Pero no tengo mucho tiempo para curiosear en las librerías, ni siquiera por Internet… Éste fue el último empujón para decidirme a probar My little book box: su selección de cuentos es fantástica.

Cuentos

Nuestras adquisiciones hasta la fecha

La mecánica es muy sencilla: te suscribes y eliges tu caja entre los títulos propuestos ese mes (están clasificados por edades y puedes consultar la ficha de cada cuento en su web). Te confirman tu elección vía e-mail, y además te adelantan la guía de lectura en formato digital. Un par de días antes de recibirla, te avisan también por correo electrónico. Yo hasta hoy no he tenido ningún problema con las entregas.

Al mes siguiente, te propondrán un nuevo cuento en función de la edad de tu hijo. Puedes cambiarlo por otro que te guste más, y si no hay ninguno que te convenza o por lo que sea no quieres recibir la caja ese mes, puedes descansar sin ningún coste hasta el mes siguiente.

Puedes comprar una caja suelta o bien suscribirte por un mes, tres meses o un año. Nosotros la primera vez nos apuntamos tres meses (sale un pelín más económico) y hemos renovado.

Sumando la excelente calidad de los libros, los materiales de manualidades y el trabajo que hay detrás de las propuestas plasmadas en la guía de lectura, sí que sale a cuenta. Mi experiencia hasta ahora es, no voy a mentir, que las manualidades son flor de un día: L se lo pasa muy bien durante 5 minutos rebuscando en el sobre, coloreando, pegando gomets o lo que sea… pero para que la cosa llegue a buen puerto yo tengo que ayudarla mucho, lógicamente, y al final se aburre. Las que hemos conseguido finalizar, no han durado mucho enteras, jeje. Pero lo importante es el buen rato que pasamos y las cosas nuevas que descubre, y además tenemos ya una buena colección de pinturas, pegatinas y recortes de goma eva… cuando sea un poquito mayor estoy segura de que les sacará mucho partido.

Pero lo que más me importa y lo verdaderamente valioso, los cuentos, son geniales y a L le encantan. Hace poco incluso se cogió una rabieta porque quería leer uno a la hora de dormir… (tengo que escribir una entrada sobre esto).

En resumen: os lo recomiendo mucho mucho. Si os animáis y entráis desde aquí, tendréis un 5% de descuento introduciendo el código promocional cuandoseas.

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Como decían en La bola de cristalsi no quieres ser como éstos, ¡lee!

De tapas en el Ten’s

Este sábado, aprovechando la visita de los tíos R y R, nos acercamos a comer a Barcelona. El sitio escogido fue el Ten’s (o 10’s), el restaurante de tapas que tiene en el Born el estrellamichelineado Jordi Cruz, archiconocido por su rol de juez en Masterchef. Nunca había probado su cocina (desgraciadamente no tenemos muchas ocasiones para ir de turismo gastronómico, ¡ya nos gustaría!), pero me hice fan absoluta de este hombre cuando hace unos días utilizó la expresión “vestir el negro” en el programa, un guiño friki que me hizo muchísima gracia.

Ten's

El local es muy agradable, moderno y de ambiente distendido. Buen servicio, aunque como siempre tuvimos que pedir que nos sacaran los platos más despacio porque no nos daba tiempo a terminarlos con tranquilidad (las prisas barcelonesas a las que no conseguimos acostumbrarnos…). Me gustó todo lo que tomamos, aunque unas cosas más que otras… tienen algunas tapas bastante tradicionales pero con un toque diferente, y luego otras más sofisticadas (a mí fueron las que más me gustaron). El hambre era negra, así que foto rápida a todos los platos y a zampar se ha dicho:

Pescadito frito

Cono de feria con pescadito frito al polvo de picada. Muy rico. L se puso las botas.

Calamares a la andaluza

Calamares a la andaluza con alioli de citronela. Los calamares no nos gustaron especialmente… lo interesante realmente era el alioli. El toque cítrico estaba muy bien.

Patatas bravas

Patatas bravas con alioli espumoso y sofrito picante. Estaban buenas, y con un picante bastante soportable (a mí no me gusta el picante, me adormece la boca y me impide disfrutar del resto de la comida…).

Tartar de atún

Tartar de atún con yema curada, lima, cebolleta, sésamo y wasabi. Esta tapa me encantó, muy rica y el wasabi muy suave.

Huevo a baja temperatura

Huevo a baja temperatura con jamón y sobrasada ibérica, parmentier de patata, gouda viejo y rúcula. Sin duda la estrella de la comida: riquísimo, la mezcla de sabores era maravillosa, y además un espectáculo para la vista. Los nombres largos y rimbombantes a veces merecen la pena…

(Sí, comí huevo poco hecho. Arréstenme).

arrozvenere

Arroz venere con gorgonzola, cigala asada, nueces y rúcula. Nunca había comido arroz venere, y me sorprendió mucho la textura, como un poco crujiente (es integral). No así el sabor… era muy bonito de ver, pero no resultó todo lo sabroso que cabía esperar.

Coca con tomate

Todo esto acompañado de coca de Folgarolas tostada con tomate y aceite de oliva. Sí, parece pan tostado sin más. Estaba buena.

Selección de quesos

Ya de postre, pedimos la selección de quesos, que estaba muy bien acompañada por membrillo, mermeladas varias y unas pipas de calabaza como garrapiñadas.

Texturas de chocolate

Texturas de chocolate con café, cacao, toffee y regaliz. Fue una pequeña decepción… estaba bueno, pero no todo lo que yo esperaba… y además era bastante feo, como podéis observar.

Torrija de brioche

Torrija de brioche con texturas de vainilla y naranja confitada. La indudable ganadora de los postres: me encantó. Los cubitos de torrija tenían una capa caramelizada por fuera que estaba deliciosa, y por dentro estaban muy jugosos.

Café en la terraza

Coronamos la comida con un café en la terraza. Mi tío y yo pedimos unos cortados, que venían con una crema de leche batida por encima como no he visto nunca. ¡Parecía merengue de lo firme que estaba!

En resumen: me gustó y repetiría, me queda pendiente probar otras muchas tapas que tenían en la carta. Ya volveremos, ya…

Trastos para el bebé… ¿de verdad son necesarios?

Una de los hechos que caracteriza la llegada de un bebé es la proliferación de cachivaches que no sabías ni que existían. De repente, tu piso de 70 metros (siendo optimista) está atestado de cosas que no sabes si realmente serán útiles para el día a día. Y eso sin contar con los juguetes…

Yo siempre he sido un poco reacia a llenar la casa de chorradas: lo imprescindible era la cuna y el cochecito, y cuando empezara la alimentación complementaria la trona, y punto. No por escatimar, ni por darle la espalda a las nuevas tecnologías y moderneces que ahora reinan en el mundo del consumismo bebé, sino por una cuestión práctica: nos mudamos cada poco tiempo (cuanto menos trastos, mejor), y también viajamos varias veces al año (y como te acostumbres a usar algo, luego a ver qué haces sin él…).

Pero al final, porque te regalan, porque te convencen, por lo que sea, pasas por el aro. Ya está: la casa llena de cosas que no sé dónde meter, y cuando vamos a Galicia no cabe en el coche ni un alfiler más.

Hay varios chismes en concreto que me han hecho cambiar radicalmente de opinión, o que me han hecho jurar en arameo en muchas ocasiones. Ahí va mi podium de cachivaches ni-contigo-ni-sin-ti:

 

1. La bañera-cambiador.

¡Cuánto porfié para que no me endosaran un cacharro de éstos! Yo pensaba “total, a los tres meses el bebé ya no cabe y le tengo que comprar otra, y luego qué hago con el mueble ése ocupando media habitación…”. Pero papá zombi temía por su espalda (y por la mía también, aunque está en mejor estado), y removió cielo y tierra hasta que encontró el modelo adecuado para nosotros: la Flip de Jané, que se extrae de las patas y éstas se pueden plegar.

Bañera Flip de Jané

Tengo que admitir que me facilitó mucho la vida los primeros meses de vida de L, sobre todo cuando papá zombi estaba de viaje y tenía que bañarla yo sola. El cambiador es abatible y se monta perfectamente con una mano (con el otro brazo se supone que sostienes al bebé que acabas de sacar del agua). La bañera tiene un diseño muy ergonómico que permite que el bebé esté recostado bastante estable, y además tiene un sistema de desagüe mediante un tubo de plástico: yo la llenaba con una regadera grande, y luego ponía la regadera en el suelo, metía el tubo y hala, bañera vacía. Salvo un día que no metí el tubo en donde debía y empecé a vaciarla en el estante de debajo, donde tenía almacenados, además de los productos para el baño, un montón de pañales y mudas de ropa (cortocircuitos del cerebro de mamá zombi, ya sabéis). También tiene un accesorio en forma de cazo con agujeritos para aclarar al bebé con más delicadeza; éste todavía lo usamos en el baño, a L le encanta ducharse los pies con él y jugar a que caza los chorritos. Y al cambiador le dimos uso un poquito más de tiempo, aunque cuando la peque aprendió a hacer la croqueta (que fue a los tres meses), ya empezó a ser peligroso y había que andar con mil ojos, hasta que al final lo pusimos en barbecho y por ahí anda, guardado debajo de una cama a la espera del cachorrito nº 2.

Conclusión: buena compra. Aunque es un trasto, cumplió su función con creces y la volverá a cumplir. Lo que hicimos mal fue comprarla en Galicia: no os quiero ni contar cómo tuvimos que meterla en el coche. Para los viajes acabamos comprando una hinchable.

 

2. El vigilabebés.

Éste gadget sí lo considero bastante necesario para vivir con cierta tranquilidad mientras el niño duerme, aunque hay muchos modelos con mil prestaciones y el tema requiere un poco de estudio. A nosotros no nos dio tiempo a pensar cuál queríamos porque el padrino de L nos regaló uno ultramegamoderno con una cámara que ni en el Gran Hermano, que incluso se puede conectar vía Internet para verlo desde el ordenador, la tablet o el móvil (nunca lo hicimos), y un pantallón a todo color que recibe la imagen mediante un USB con una antena, y que también puede servir como marco digital (nunca conseguí averiguar cómo).

Vigilabebés Miniland plus

La utilidad del chisme está fuera de toda duda, peeeero… ay, nos trae por el camino de la amargura. Hay que destacar que yo en concreto me llevo fatal con los aparatos electrónicos, siempre me la juegan (este año ya he “matado” una plancha, una tostadora y un microondas). Y éste nos la juega constantemente. El GRAN problema es que a veces pierde la señal, pero el jodío invento no te avisa cuando esto sucede: simplemente la imagen se queda congelada, y tú te crees que tu bebé está durmiendo como un angelito cuando en realidad se ha despertado. Esto nos ha pasado varias veces y es muy frustrante y te sientes como una m*** cuando tu sexto sentido te empuja de repente a poner la oreja y escuchas a tu peque llorando en la cuna, y vete tú a saber desde hace cuánto… Uf, es horrible. Hace poco descubrimos que se desconecta cada vez que pasa un avión. Se la tengo jurada a este aparato.

Tiene algún inconveniente más: la cámara hay que enchufarla a la corriente mediante un cable, y esto requiere tener un enchufe cerca de la cuna o, si no, tener el cable por ahí tirado con el consiguiente peligro. Además, en cuanto tu hijo empiece a sentarse, olvídate de engancharla a la propia cuna, porque lo primero que hará será agarrarla y no durará ni dos telediarios. ¿Y dónde la pones? Ah, parece una cuestión sencilla hasta que tienes que lidiar con ella. Yo la tengo sujeta muy malamente a una lámpara de pie. Si la pongo más baja tengo dos problemas: que según el ángulo no veo un pimiento porque el cabecero y el pie de la cuna son macizos, y que la peque anda por ahí y no va a dudar en jugar con ella al primer descuido.

Monitor MotorolaEn el último viaje á terriña nos la dejamos en casa. Estuve dos días un poco agobiada, porque la cuna que nos dejaron le quedaba a L un poco mal de altura y tenía miedo de no escucharla cuando despertara y que acabara tirándose. Al final acabé comprando un chintófono sólo de audio. El micrófono que recoge el audio hay que enchufarlo, pero no tiene el problema del ángulo que tiene la cámara: lo puedes poner en cualquier sitio fuera de la vista del niño y funcionará igual. Y el receptor va con batería y te lo puedes llevar encima. Si pierde la señal, PITA: esto me parece fundamental y no entiendo cómo es posible que el otro, que es infinitamente más caro, no lo haga. Me quedé encantada con la compra.

Eso sí: ver a tu bebé en pantalla CREA ADICCIÓN. En serio. Tiene ventajas, como por ejemplo, comprobar que está bien (aunque esté despierto) y así poder dejarlo jugando en su cuna, lo que favorece su autonomía. Con el audio sólo siempre estás con la duda (yo seguía temiendo que intentara bajarse sola de la cuna, así que en cuanto la oía me iba a por ella).

 

3. El robot cocinapapillas.

“Otro cachivache prescindible que va a ocuparme un sitio que no tengo”, pensaba yo. Nuestra cocina es enana, basta decir que tuvimos que sacar de sus goznes la puerta del lavadero para poder aprovechar el hueco que quedó detrás con una estantería que funciona de despensa. En definitiva, que no entraba en mis planes tener un chisme de éstos… pero nos lo regalaron.

Babycook de BéabaPues he de reconocer que fue un regalo genial: lo usé muchísimo, en el mismo aparato cueces y trituras, ahorrándote manchar el cazo, la batidora y su vaso, y si te descuidas (como yo hago a menudo) la cocina entera. Cuando acaba pita y se apaga, así que no tienes que estar pendiente del fuego. En un cuartito de hora está la comida hecha, y si por lo que sea hay que esperar, en el mismo recipiente se mantiene calentita. Eso sí: para hacer cantidad y congelar no vale, porque lo que cabe en el vaso (sin triturar) llega como mucho para dos potitos.

Dejé de usarlo hace ya un par de meses. Primero porque L ya come a trozos y muchas veces de lo mismo que nosotros, pero también porque empezó a fallar: las verduras se quedaban duras y tenía que ponerla a cocer otro ciclo… descubrí que lo que pasaba es que la goma de la tapa se había dado de sí, y como estuviese mal colocada no cocinaba bien porque se escapaba todo el vapor. Bastante rollo tener que comprobar esta tontería de cada vez.

Hay otro par de detalles del invento que no me gustan: uno, que al cabo de nosécuántos ciclos la luz del botón se vuelve roja, lo que indica que hay que descalcificarlo. Me costó un montón averiguar cómo rayos se hacía (¡en mi libro de instrucciones no venía explicado!), y más averiguar cómo rayos se quitaba la dichosa luz roja una vez descalcificado: simplemente hay que mantener pulsado el botón unos cuantos segundos, para que el contador se ponga a cero. Vamos, que lo puedes quitar sin descalcificar, como la jarra del agua y el botón de cambio de filtro, igual: si le das al botón se pone a cero y da igual si lo has hecho o no. Y por otro lado, el asa de la jarra es hueca y entra el agua y el jabón y lo que se tercie, pero no se puede aclarar bien. Un asco, vamos.

Me ocurrieron peripecias varias, haciendo honor a mi nick: una vez abrí la tapa antes de que terminara, y a consecuencia me quemé un poco un brazo. No sé en qué demonios estaba pensando, pero la verdad es que me asusté un poco, porque fue como abrir una mini olla a presión y podría haberme quemado bastante más; tuve suerte. Otro día se me coló un guisante por el agujerito por donde se echa el agua para la cocción, ¡menos mal que me di cuenta al momento! Si no habría estado dándole a L infusión de guisante podre a saber cuánto tiempo. Recomendación para las que adquiráis el cacharro: cargad la jarra antes de ponerla en la máquina, así entre otras cosas no la mancharéis más de la cuenta y no se os colarán guisantes por el agujerito.


 

Y hasta aquí el recuento de hoy. Espero que os sirva de algo mi humilde opinión… ;)

Comiendo en Árbore da Veira

Para celebrar el cumpleaños de papá zombi, a principios de enero nos fuimos a comer a Árbore da Veira, un restaurante coruñés que lleva poco más de un año abierto y al que recientemente se le ha otorgado una estrella Michelin. Tomamos el menú Raíces (el menú “corto” de diez platos) porque empezamos a las 14:30 y hace falta el tiempo… pero seguro que volveremos a probar el largo.

Es mi primera experiencia con la cocina de diseño. Había probado cosas de catering (lo típico, en bodas, en algún cóctel…), pero nunca había hecho una comida completa sentada a la mesa. Me pareció una maravilla todo: los platos buenísimos y preciosos, el local muy agradable, el servicio impecable… Como no soy crítica gastronómica, tan sólo un poco sibarita y adicta a los programas de cocina, no me voy a explayar mucho explicándoos cada plato… y además, no apunté y de algunos no me acuerdo con exactitud, ¡ups! Pero sí me acuerdo de lo bien que sabían, y os los quiero enseñar porque son como pequeñas obras de arte.

Colegas fotógrafos, no seáis muy críticos, el hambre era negra y el vino entraba muy bien…

Snacks

Mientras tomábamos una cervecita para abrir boca, empezó el desfile de cosas ricas. Primero sirvieron una mantequilla de anchoas muy suave con una especie de regañás finitas muy crujientes, y un papel comestible con la lista de los snacks que íbamos a degustar. Empezamos con unas esferificaciones de aceituna y unos bombones de San Francisco. Muy curioso contraste dulce-salado que se repitió bastante en los aperitivos.

Snacks

Después nos trajeron este trío: 3D con foie y polvo de chocolate, cortezas de bacalao con salsa de yogur, y en los cucuruchos ya no me acuerdo qué había. En la hojita ponía crukis de roquefort y pasión (no recuerdo que me supiera a roquefort) y cucurucho de chanquete (era de alga nori). Lo de la maceta me pareció una presentación muy graciosa, y me sorprendió lo rico que estaba el 3D, era como una guarrindongada delicatessen. Las cortezas eran diminutas, pero tenían un sabor impresionante.

Snacks

Espagueti de Bloody Mary, cabra con soja y pan de gamba. Muy divertido el espagueti, estaba bueno pero no me conquistó especialmente.

Y ya comenzamos con la comida con mayúsculas:

Salmón marinado

El primer plato que nos sirvieron fue de los que más me gustaron: era un salmón marinado con crema de San Simón y sorbete de lima y no sé qué otra cosa. La combinación de sabores era espectacular, super sabroso y muy fresco. Un 10.

La cereza que cayó del árbol

La cereza que cayó del árbol: es uno de los platos de referencia del restaurante. Se trata de una bolita de foie rellena de gelatina de cerezas sobre una tierra de menta. Un trampantojo culinario precioso y delicioso.

Vieiras con caviar y crema de trufa

Vieiras con caviar y crema de trufa, si no me equivoco. Buenísimas.

Chips de alcachofa con trufa

Esto eran unas chips de alcachofa con trufa y un puré que no consigo recordar de qué era. A mí no me gustan las alcachofas, pero así preparadas me supieron muy bien. Nos pareció un barquito de vela (y el plato era como las olas)… una chulada. Eso sí: se les fue un pelín la mano con la sal.

Cocochas de merluza en salsa verde

Cocochas de merluza en salsa verde. Un bocado, ¡pero qué bocado!

Guiso de setas con cigala y yema

Guiso de setas con cigala y yema. Nos lo sirvieron en una cazuelita de cristal tapada. Otro plato redondo por el que no dudaría en volver.

Habas con buey de mar

Potaje de habas con buey de mar. Papá zombi, que siempre tiene mala suerte en el reparto, se encontró con dos cascaritas de buey diminutas en su plato. Yo no encontré nada, si lo había fue todo p’adentro. Estaba muy bueno, pero quizá fue de lo menos sorprendente del menú.

Bacalao a la gallega

El pescado: bacalao a la gallega, cocinado a baja temperatura (textura y jugosidad inmejorables), sobre una salsita con… ¿repollo? Ay, ya no me acuerdo… A estas alturas yo ya podría haber salido rodando por la puerta… pero ¡quién dijo miedo!

Entrecot con verduritas

La carne: entrecot con verduritas. Sublime: el punto del entrecot como a mí me gusta, bien marcado y crudito por dentro, y las verduras crujientes y sabrosas. La hierbita que llevaba encima debió de ser lo único que no nos comimos de todo lo que nos sirvieron.

Milhojas

Y finalmente, los postres: un milhojas exquisito…

Soufflé de chocolate

… y un soufflé de chocolate hecho en una tacita con el que terminé de enamorarme.

¿Fin? ¡No!

Petit fours

Con el café, unos petit fours para quitarse el sombrero: trufas de chocolate, tarta de queso (deliciosa), mini magdalenas, unas gominolas de naranja con envoltorio comestible y un macaron de frambuesa que me ha hecho comprender que los macarons son ligeros, delicados y riquísimos (y no la caca de azúcar reconcentrado que venden por ahí, con razón no me gustaban…).

Vamos, que con hambre no nos quedamos, no… no sé si atreverme con el menú largo, igual muero empachada por la mitad…

Esta comida tan grata maridó perfectamente no sólo con el vino, sino con un ambiente muy tranquilo y agradable: el comedor está decorado con muy buen gusto (a destacar las esculturas) y se respira buen rollo. Los camareros amabilísimos y para nada estirados (cosa que me horroriza de algunos sitios que de tan finos y elegantes al final te hacen sentir fuera de lugar).

Árbore da Veira

Ya veis que soy una crítica feroz y voy ahí a la yugular, sin piedad, jajaja… La verdad es que a mí no es muy difícil contentarme, pero también sé cuándo algo no me gusta, y no podría decir ni un detalle que no me gustase de Árbore da Veira. ¡Ah, sí! Uno: las servilletas para secarse las manos del baño tienen el sello del restaurante estampado artesanalmente… y se te queda pintado en la mano. Una tontería fácilmente subsanable.

En serio: comimos genial y estuvimos muy a gusto, por un precio más que razonable. Hubo momentos en los que no podía evitar cerrar los ojos y sonreír de satisfacción.

Os lo recomiendo encarecidamente.