Chup-chup 5: la letra S

Boolino sigue ofreciéndonos la oportunidad de leer sus libros y opinar. ¡Gracias! (Altamente recomendado: Boolino Book Box).

Hoy le toca el turno a Chup-chup, una colección de la editorial Salvatella pensada para aprender a leer “a fuego lento” (de ahí el nombre) que se compone de 20 libritos, cada uno dedicado a uno o varios fonemas. Hemos recibido Chup-chup 5, dedicado a la letra S.

Chup-chup 5

Consta de 16 páginas, y en cada una de ellas encontramos una frase escrita dos veces, una en mayúsculas y otra en tipo caligráfico, en la que se incide mucho en la letra que se está trabajando (lógicamente).

saratose

Las ilustraciones son coloridas y bastante amables, y la inclusión del texto repetido me parece una gran idea para el aprendizaje de las mayúsculas y minúsculas, y también la diferenciación entre letra caligráfica o de imprenta.

Como aspecto negativo diría que la historia en sí misma es un poco floja, pero es comprensible dado que al tener que utilizar el mismo fonema todo el tiempo no resulta fácil hilar un cuento con principio, nudo y desenlace. A mí me ha recordado al mi mamá me mima de los cuadernillos Rubio de nuestra infancia… no era emocionante leerlos, pero cumplían su función. En este caso sí hay una intención de construir un cuento que despierte un poco más el interés del niño, y yo creo que aunque la historia no sea redonda sí que hay una mejora en este aspecto.

L todavía es un poco pequeña para aprender a leer, pero el libro le gustó y mostró curiosidad por los dibujos y la repetición del sonido S. Cuando empiece con el abecedario, ¡esta letra se la sabrá al dedillo!

Un cuento sobre arte: Miró. Un artista con imaginación

¡Por fin nos ha llegado el primer libro de Boolino para reseñar! Había pedido uno distinto, pero se extravió… una pena. En su lugar muy amablemente nos enviaron éste:

Miró. Un artista con imaginación

Pertenece a una colección titulada El jardín del Arte que promete mucho: acercar el mundo del arte a los más pequeños con una visión limpia de ideas preconcebidas y de datos aburridos, y además darle un enfoque práctico mediante la recreación libre de una obra del artista propuesto. El planteamiento es fantástico y el libro no nos ha defraudado.

Pese a estar recomendado para mayores de 3 años, L (que aún no los ha cumplido) lo ha disfrutado mucho y me pide frecuentemente que lo miremos. Supongo que porque visualmente es muy atractivo, lleno de ilustraciones muy coloridas que no se limitan a reproducir los cuadros de Miró, sino que hacen que sus particulares personajes salten de las pinturas para inundar todas las páginas del libro. Además, es muy ligero de leer pese al tema que, a priori, puede parecer un poco farragoso, e invita constantemente al niño a participar observando y dando su opinión.

Está estructurado en tres partes: Seis cosas que te gustará saber, Taller de arte y Datos que te pueden interesar.

En la primera se aborda el tema de la imaginación, una explicación muy sencilla de lo que es y cómo amplía y mejora nuestro mundo, y cómo Miró dio rienda suelta a su imaginación para crear su propio universo artístico, libre y único. También introduce un concepto más técnico: la temperatura de los colores (fríos, cálidos y templados).

"El gallo" de Miró

En el Taller de arte se analiza “El gallo” de Miró y se anima al niño a replicarlo mediante la técnica del papel rasgado (cortar papeles de colores con las manos y pegarlos para construir las distintas formas).

Por último, una breve biografía del artista y unos pocos datos históricos que lo sitúan en su época (nada aburrido, casi todos relacionados con inventos, muy interesante para que los niños se hagan una idea de cómo eran las cosas hace no tantos años…). L de momento no muestra ningún interés por esta parte… pero todo se andará.

Por supuesto no nos hemos limitado a leerlo, sino que hemos hecho la actividad del collage… aunque al final nos hemos decantado por recortar los trozos de papel en vez de arrancarlos, porque si no era difícil que nos saliera parecido y L para esas cosas es, de momento, muy cuadriculada. Es algo que trabajaremos: se lo pasó tan bien y se ha quedado tan contenta con su “gallon” (idioma L) que no descarto hacer otros animales o lo que se tercie.

El gallon de L

Ojalá la propuesta cuaje y hagan más libros para la colección (de momento tienen otros dos, dedicados a Van Gogh y El Greco).

Yo estudié Bellas Artes y sé de primera mano que es una materia muy difícil de tratar porque no hay un término medio entre los entendidos y los profanos. Mucha gente ajena al arte, cuando visitábamos museos o les enseñaba mis propias pinturas (cuando yo pintaba, allá por el Pleistoceno…), era incapaz de hacer un juicio libre basado en sus propias sensaciones por miedo a parecer un ignorante, y la mayoría acababan diciendo eso tan manido de “yo no entiendo de esto”. Siempre he creído que el arte no es una mera cuestión de conocimientos, sino de impresiones, de sentimientos, con lo que cualquiera puede disfrutarla y dar su opinión, ¿por qué no? Yo he aprendido muchísimo de los comentarios de personas que teóricamente no tenían ni idea de lo que estaban diciendo… precisamente por eso sus ideas eran interesantes. En este libro he encontrado ese espíritu libre de prejuicios y por eso lo aplaudo.

Cuña publicitaria: si no conocéis Boolino book box os lo recomiendo encarecidamente.

My little book box, ¡a leer!

Qué bien me viene que ayer por la mañana nos llegara la My little book box de este mes, porque hace ya diez días que me han confirmado que soy bloguera afiliada de Boolino, gracias a Madresfera. O sea, que desde hace diez días tengo pendiente poner el banner en el blog y contaros por qué me suscribí yo en su día y lo bonita que es su propuesta.

Para muestra, un botón:

My little book box

La presentación, a mi parecer, es inmejorable. En todas las cajas (salvo alguna especial, como la de este agosto) vienen estas tres cosas:

  • El cuento escogido.
  • Una guía de lectura con muy buenas ideas para sacarle todo el partido al libro.
  • Unos sobres con manualidades relacionadas con la temática del libro, y su hojita de instrucciones.

Si mal no recuerdo, la primera vez que tuve noticia de esto de My little book box fue leyendo el blog de Diana. Me picó muchísimo la curiosidad y fui corriendo a su página a ver de qué iba el asunto. Mi primera impresión, para qué negarlo, fue que era un poco caro. ¿Casi 20 euros al mes por un cuento? No lo veo…

Pero a medida que fui encontrando comentarios positivos de otras madres, me fui animando. Además, soy una gran amante de los libros, y L también: desde bien pequeña disfruta muchísimo mirándolos, ¡aunque no tengan dibujos! Incluso finge que lee desde hace unos meses; es muy divertido porque puede estar sujetando la guía de teléfonos al revés, pero ella lee con una maravillosa entonación de cuentacuentos xD

Los libros siempre son bienvenidos en casa, y me encantaría ir creando poco a poco una buena biblioteca infantil… Pero no tengo mucho tiempo para curiosear en las librerías, ni siquiera por Internet… Éste fue el último empujón para decidirme a probar My little book box: su selección de cuentos es fantástica.

Cuentos

Nuestras adquisiciones hasta la fecha

La mecánica es muy sencilla: te suscribes y eliges tu caja entre los títulos propuestos ese mes (están clasificados por edades y puedes consultar la ficha de cada cuento en su web). Te confirman tu elección vía e-mail, y además te adelantan la guía de lectura en formato digital. Un par de días antes de recibirla, te avisan también por correo electrónico. Yo hasta hoy no he tenido ningún problema con las entregas.

Al mes siguiente, te propondrán un nuevo cuento en función de la edad de tu hijo. Puedes cambiarlo por otro que te guste más, y si no hay ninguno que te convenza o por lo que sea no quieres recibir la caja ese mes, puedes descansar sin ningún coste hasta el mes siguiente.

Puedes comprar una caja suelta o bien suscribirte por un mes, tres meses o un año. Nosotros la primera vez nos apuntamos tres meses (sale un pelín más económico) y hemos renovado.

Sumando la excelente calidad de los libros, los materiales de manualidades y el trabajo que hay detrás de las propuestas plasmadas en la guía de lectura, sí que sale a cuenta. Mi experiencia hasta ahora es, no voy a mentir, que las manualidades son flor de un día: L se lo pasa muy bien durante 5 minutos rebuscando en el sobre, coloreando, pegando gomets o lo que sea… pero para que la cosa llegue a buen puerto yo tengo que ayudarla mucho, lógicamente, y al final se aburre. Las que hemos conseguido finalizar, no han durado mucho enteras, jeje. Pero lo importante es el buen rato que pasamos y las cosas nuevas que descubre, y además tenemos ya una buena colección de pinturas, pegatinas y recortes de goma eva… cuando sea un poquito mayor estoy segura de que les sacará mucho partido.

Pero lo que más me importa y lo verdaderamente valioso, los cuentos, son geniales y a L le encantan. Hace poco incluso se cogió una rabieta porque quería leer uno a la hora de dormir… (tengo que escribir una entrada sobre esto).

En resumen: os lo recomiendo mucho mucho. Si os animáis y entráis desde aquí, tendréis un 5% de descuento introduciendo el código promocional cuandoseas.

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Como decían en La bola de cristalsi no quieres ser como éstos, ¡lee!

Pobres gatos…

El gato se esconde...

El repertorio familiar sigue aumentando a medida que buceo en mis recuerdos y rescato canciones de infancia que ya tenía olvidadas. Y entonces me doy cuenta (otra vez) de que, además de mamá zombi, soy un poco mamá gallina, porque algunas no me parecen nada apropiadas. Ésta, por ejemplo, ha habido que modernizarla un poco:

Estaba la pastora, lará lará larito
Estaba la pastora cuidando el rebañito, cuidando el rebañito
Con leche de sus cabras, lará lará larito
Con leche de sus cabras se fue a hacer un quesito, se fue a hacer un quesito
El gato la miraba, lará lará larito
El gato la miraba con ojos golositos, con ojos golositos
Como metas la pata, lará lará larito
Como metas la pata…

A partir de aquí mi memoria no lo tenía muy claro, así que recurrí a San Google para despejar dudas. Lo que me encontré me pareció terrible: gatos maltratados a los que les cortan el rabito/hociquito/pescuecito o, en el peor de los casos, gatos asesinados a manos de pastoras con muy mal pronto, a las que luego atormenta el sentimiento de culpa y van a confesar su crimen a curas que de penitencia piden besitos… ¡todo por un miserable queso! ¿Pero en qué mundo mágico y bucólico vive esta pastorcilla de pacotilla? Está claro que mi madre también censuró este final…

Aquí hace falta una revisión del clásico, así que he rehecho la canción y ahora le canto la segunda parte tal que así:

Como metas la pata te tiro del rabito, te tiro del rabito
El gato hincó la uña, lará lará larito
El gato hincó la uña y lo estropeó un poquito, lo estropeó un poquito
La pastora enfadada, lará lará larito
La pastora enfadada se acercó despacito, se acercó despacito
Te perdono el castigo, lará lará larito
Te perdono el castigo si me das un besito, si me das un besito
Así hicieron las paces, lará lará larito
Así hicieron las paces y comieron quesito, y comieron quesito

El tema del chantaje tampoco me hace mucha gracia, pero mejor que la pastora chantajee al gato y no que el cura chantajee a la pastora… vamos, digo yo. La cosa es que al final hagan las paces, compartan el queso y no haya asesinatos de gatos. Lo cual me recuerda a aquella otra canción que cantábamos jugando a las palmas:

En la ca-lle-llé veinticua-tro-tró
Ha habi-do-do-dó un asesinato-tó
Una vie-ja-já mató un ga-to-tó
Con la pun-ta-tá del zapa-to-tó
Pobre vie-ja-já, pobre ga-to-tó
Pobre pun-ta-tá del zapa-to-tó

A mí el único que me da pena es el gato.

También está ese otro gran éxito popular de nuestra infancia: el señor don Gato, que se caía del tejado y se quedaba hecho fosfatina cuando le hacían saber que le habían apañado un matrimonio. Qué bonita historia…

¿Por qué esta inquina hacia los gatos en general? Eso de que tienen siete vidas no es cierto en el sentido literal de la expresión… En fin, considero que en estos casos la censura materna es necesaria y no voy a dudar en practicarla. Cocorocó

La gallina Marcelina

L es muy musical. Desde que era muy pequeña baila todo lo que tenga un mínimo de ritmo. A la tele sólo le hace caso cuando hay música, para mi felicidad. Y hace pocos días ha aprendido a “cantar” y va cantando todo el tiempo mientras damos el paseo o simplemente mientras camina de un lado a otro del pasillo (leru-leruleru-leruleru… y así toda la tarde).

Yo le canto mucho y de todo, y como hay que ir renovando el repertorio porque mi público es muy exigente y se aburre rápido, me sorprendo a mí misma recordando joyas líricas de mi infancia que tenía olvidadísimas y que de repente vuelven a mi mente intactas, como si las hubiese cantado ayer por última vez. Por ejemplo:

La gallina MarcelinaClo, clo, clo, cantemos a la vida

Clo, clo, clo, cantemos a la aurora

Clo, clo, clo, yo soy una gallina

Clo, clo, clo, con pico de oradora

Cantemos, hijos míos (pío, pío, pío)

No le temáis al frío (pío, pío, pío)

Yo soy una gallina con mucha tradición

Pues era de mi abuela el huevo de Colón

(Pinchando en la imagen, podéis ir a la entrada original del blog mencionado y escuchar el cuento completo).

Después de la epifanía vienen las preguntas… ¿y de dónde era ésto? Y no puedo evitar bucear en estas lagunas de mi memoria: pues después de rastrear por YouTube y no encontrar más que reconstrucciones horribles con tufo a sintetizador, busco en San Google directamente y encuentro la obra completa en Música: lo que dejamos atrás. Gracias, autor(es) de este blog, por devolverme un pedacito de mi infancia. Resulta que la canción pertenecía a un cuento, una versión de la fábula de la cigarra y la hormiga en la que la protagonista es una gallina capaz de sacar un pan entero de un grano de trigo… hay que ver qué apañada, casi mejor que la gallina de los huevos de oro.

El cuento es viejuno que no veas y de dudoso valor pedagógico, bajo mi punto de vista. Se podría abrir un buen debate al respecto… a mí me parece que el “pues ahora te jodes” que podría pronunciar Marcelina en una hipotética traslación del cuento al siglo XXI no es una buena lección para enseñarle a un niño.

Pero lo escucho y me aflora una sonrisa nostálgica. Y la canción me sigue haciendo mucha gracia.