De tapas en el Ten’s

Este sábado, aprovechando la visita de los tíos R y R, nos acercamos a comer a Barcelona. El sitio escogido fue el Ten’s (o 10’s), el restaurante de tapas que tiene en el Born el estrellamichelineado Jordi Cruz, archiconocido por su rol de juez en Masterchef. Nunca había probado su cocina (desgraciadamente no tenemos muchas ocasiones para ir de turismo gastronómico, ¡ya nos gustaría!), pero me hice fan absoluta de este hombre cuando hace unos días utilizó la expresión “vestir el negro” en el programa, un guiño friki que me hizo muchísima gracia.

Ten's

El local es muy agradable, moderno y de ambiente distendido. Buen servicio, aunque como siempre tuvimos que pedir que nos sacaran los platos más despacio porque no nos daba tiempo a terminarlos con tranquilidad (las prisas barcelonesas a las que no conseguimos acostumbrarnos…). Me gustó todo lo que tomamos, aunque unas cosas más que otras… tienen algunas tapas bastante tradicionales pero con un toque diferente, y luego otras más sofisticadas (a mí fueron las que más me gustaron). El hambre era negra, así que foto rápida a todos los platos y a zampar se ha dicho:

Pescadito frito

Cono de feria con pescadito frito al polvo de picada. Muy rico. L se puso las botas.

Calamares a la andaluza

Calamares a la andaluza con alioli de citronela. Los calamares no nos gustaron especialmente… lo interesante realmente era el alioli. El toque cítrico estaba muy bien.

Patatas bravas

Patatas bravas con alioli espumoso y sofrito picante. Estaban buenas, y con un picante bastante soportable (a mí no me gusta el picante, me adormece la boca y me impide disfrutar del resto de la comida…).

Tartar de atún

Tartar de atún con yema curada, lima, cebolleta, sésamo y wasabi. Esta tapa me encantó, muy rica y el wasabi muy suave.

Huevo a baja temperatura

Huevo a baja temperatura con jamón y sobrasada ibérica, parmentier de patata, gouda viejo y rúcula. Sin duda la estrella de la comida: riquísimo, la mezcla de sabores era maravillosa, y además un espectáculo para la vista. Los nombres largos y rimbombantes a veces merecen la pena…

(Sí, comí huevo poco hecho. Arréstenme).

arrozvenere

Arroz venere con gorgonzola, cigala asada, nueces y rúcula. Nunca había comido arroz venere, y me sorprendió mucho la textura, como un poco crujiente (es integral). No así el sabor… era muy bonito de ver, pero no resultó todo lo sabroso que cabía esperar.

Coca con tomate

Todo esto acompañado de coca de Folgarolas tostada con tomate y aceite de oliva. Sí, parece pan tostado sin más. Estaba buena.

Selección de quesos

Ya de postre, pedimos la selección de quesos, que estaba muy bien acompañada por membrillo, mermeladas varias y unas pipas de calabaza como garrapiñadas.

Texturas de chocolate

Texturas de chocolate con café, cacao, toffee y regaliz. Fue una pequeña decepción… estaba bueno, pero no todo lo que yo esperaba… y además era bastante feo, como podéis observar.

Torrija de brioche

Torrija de brioche con texturas de vainilla y naranja confitada. La indudable ganadora de los postres: me encantó. Los cubitos de torrija tenían una capa caramelizada por fuera que estaba deliciosa, y por dentro estaban muy jugosos.

Café en la terraza

Coronamos la comida con un café en la terraza. Mi tío y yo pedimos unos cortados, que venían con una crema de leche batida por encima como no he visto nunca. ¡Parecía merengue de lo firme que estaba!

En resumen: me gustó y repetiría, me queda pendiente probar otras muchas tapas que tenían en la carta. Ya volveremos, ya…

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Magdalenas de plátano con corazón de chocolate

Magdalenas de plátano

Ingredientes (para unas 10 magdalenas):

  • 2 plátanos maduros
  • 125 g. de harina
  • 5 g. de levadura en polvo
  • 30 g. de azúcar blanco
  • 30 g. de azúcar moreno
  • 60 g. de aceite de girasol
  • 1 huevo
  • 1 limón
  • 10 onzas de chocolate negro
  • Sal

Preparación:

Pelar los plátanos, trocearlos y colocarlos en un cuenco con el azúcar, un pellizco de sal, el aceite, el huevo y el zumo del limón. Triturarlo todo con la batidora hasta que quede una crema homogénea.

Ir incorporando la harina tamizada con la levadura, mezclando cuidadosamente. Rellenar 1/3 de los moldes, colocar en el centro una onza de chocolate y cubrir con más crema (dejando un dedo hasta el borde sin rellenar, que si no se pueden salir…).

Meter en el horno precalentado a 180 ºC durante 20-25 minutos, hasta que hayan subido y el copete esté dorado. Dejar enfriar sobre la rejilla, desmoldar y ¡a comer!

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Por fin me han salido unas magdalenas con forma de magdalena y sin churruscar. Bueno, un pelín por debajo… es este maldito horno, que me la tiene jurada.

Tenía un par de plátanos que se estaban madurando demasiado para comerlos tal cual, y el lonchafinismo que profeso me empujó a hacer algo con ellos antes de que se pasaran del todo. ¡Hay que aprovechar la comida! La idea de la receta la saqué de aquí, le introduje un par de cambios y el resultado nos ha gustado bastante.

Cuando las saqué del horno, la casa olía a plátano que daba gloria. Me tuve que comer una, claro está, pero en caliente la verdad es que no se apreciaba mucho el sabor de la fruta. Se potenció mucho más cuando se enfriaron. En cambio, cuando las partí por la mitad para hacerles la foto, ya estaban frías, y por eso el corte no quedó muy estético que digamos.

Magdalena con corazón de chocolate

Cuando ya sólo quedaban dos, se me ocurrió la solución ideal: antes de comer, unos segundos de microondas. Así el corazón de chocolate queda fundente y es mucho más agradable al paladar.

Estamos en plena búsqueda de un piso más amplio al que trasladarnos antes de que llegue el cachorrito número 2, y los ojos me hacen chiribitas sólo de pensar en una cocina más grande, con perspectivas de instalar un lavavajillas, con sitio en la encimera para poner la tostadora sin tener que quitar la tabla de cortar… Ay, con qué poco me conformo. Eso sí: como el horno no tenga indicador de temperatura, ¡no me mudo! He dicho.

Merluza con salsa de mandarina

Merluza con salsa de mandarinaIngredientes para 1 persona:

  • 2 filetitos de merluza
  • 1 patata mediana
  • 1/2 cebolla
  • 2 mandarinas
  • 1 cucharadita de maicena
  • 1 diente de ajo pequeño
  • Sal
  • 1 ramita de perejil
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

En una cazuela amplia colocar la cebolla en plumas, el diente de ajo pelado, un vaso de agua y sal. Cocer sin tapar cinco minutos a fuego mediano.

Pelar la patata y cortarla en ruedas gruesas. Añadirla a la cazuela junto con el zumo de una mandarina.

Cuando la patata esté casi hecha, introducir en el caldo los filetes de merluza sazonados, mantener la cocción tres minutos más y retirar del fuego. Añadir algunos gajos de mandarina.

Desleír la maicena con un poco de agua de cocción y echarla en la cazuela. Espolvorear con un poco de perejil picado y volver a poner a fuego suave unos minutos, moviendo la cazuela hasta que se trabe la salsa. Emplatar, regar con un hilo de aceite de oliva y servir.

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Entre semana, es muy raro que papá zombi pueda venir a comer, así que me toca comerme las sobras de la cena o cocinar para uno. Cocinar ya es difícil con L rondando por ahí, pero comer a la vez, ella su comida y yo la mía, es IMPOSIBLE: en cuanto ve mi plato quiere comer de lo que hay ahí y el puré que se lo coma Rita la cantaora.

Así que ando siempre a la caza de recetas fáciles y rápidas de hacer, que permitan preparar una ración para una persona y aptas para niños de año-año y medio (o sea, comida ligera y blandita). Así podemos comer las dos a la vez de lo mismo, me ahorra un montón de tiempo, no tengo que insistirle para que coma, ella lo disfruta muchísimo y prueba cosas nuevas.

Hace poco preparé esta merluza. Rescaté la receta de un recorte de revista de hace mil años y la adapté un poco: la original llevaba patatas nuevas, cebollitas francesas y la merluza en rodajas.

Estaba muy buena, y nada dulce: me imaginaba que con la mandarina iba a quedar dulce, pero no, incluso tenía un toque amargo que contrastaba muy bien. Nos comimos un platazo entre las dos y  nos quedamos más a gusto que un arbusto :)

De huevos complicados y bizcochos delgaditos

Hace un par de semanas me dio por hacer huevos Benedict para desayunar el domingo. Sí, sí, ya sé lo que estáis pensando: una cosa sencillita, de cinco minutillos… Va en mi naturaleza complicarme la vida, yo qué sé por qué. El caso es que a papá zombi le gustan mucho, y aunque no es el plato más recomendable para su colesterol, me hacía ilusión cocinarlos.

Conocía la receta, pero nunca la había hecho. Traté de adelantar trabajo el día anterior, clarificando la mantequilla y preparando la masa de los muffins ingleses (sí, con muffins caseros, servir los huevos con pan de molde no me hacía la misma gracia. Ya lo sé, no tengo remedio).

Seguí paso a paso la primera receta que me salió en San Google. Lo más difícil es la salsa holandesa, y ya la había hecho más veces sin mayores problemas… pero nunca le había echado agua a las yemas, como pone ahí. Aún así, la explicación parecía tan profesional que decidí seguir los pasos al pie de la letra.

ERROR. Seguro que no fue por lo del agua, algo haría yo mal… pero el caso es que no ligaba ni a la de tres. Afortunadamente, aún me quedaba bastante mantequilla clarificada, así que volví a intentarlo con esta otra receta. Y salió perfecta.

Continúo con el resto de ingredientes: cocino los muffins, frío el beicon, escalfo los huevos… (nunca me acuerdo de lo mal que se me da escalfar huevos: escalfar el primero está chupado, pero después no se ve un pimiento dentro de esa agua llena de restos de clara cuajada flotando… menos mal que sólo eran dos). Pongo dos platitos, medio muffin, beicon, huevo, salsita… pero… ¡Noooo! La salsita ya no es salsita, es una mezcla muy poco estética de grasa con grumitos amarillos. Se volvió a cortar como por arte de magia… Jolín con la dichosa salsa holandesa.

Pues no tengo más mantequilla, así que la intento arreglar tal cual pone aquí: otra yema al baño maría y a batir, agregando la salsa cortada poco a poco. Menos mal que lo conseguí y nos pudimos comer los dichosos huevos.

Resumen de la jugada: una hora y 3/4 metida en la cocina, un montón de muffins huérfanos de huevos, salsa holandesa para regalar, una pila de cacharros sucios que llegaba hasta el techo y cuatro claras de huevo sueltas. Estaban muy ricos, pero no pienso volver a hacerlos nunca más.

Huevos Benedict

Qué curro dieron y qué poco duraron…

Mi espíritu lonchafinista no me permite tirar nada comestible, ¡pecado mortal! Así que al congelador que van las claras, y ya se me ocurrirá algo que hacer con ellas…

Pues la semana pasada me acordé de una receta de bizcocho de claras y limón que tenía por ahí escrita a mano y que recordaba vagamente haber hecho alguna vez con el mismo propósito de aprovechamiento de sobras. En los ingredientes ponía “6 claras” y yo sólo tenía tres (con la cuarta no me acuerdo qué hice)… pues oye, mejor, lo hago la mitad de grande y así nos lo acabamos antes y hacemos otro. Muy bien, pero mi cerebro de mamá zombi no tuvo en cuenta que el molde también tendría que haber sido la mitad de grande.

Bizcocho de claras

En mi imaginación el bizcocho subía como la espuma y quedaba gordo y esponjosito, y ya me veía abriéndolo y rellenándolo de mermelada de fresa… jajaja, me gustaría haber visto mi cara cuando lo saqué del horno y vi que estaba igual de flaco que cuando lo metí. Pero el caso es que estaba rico de sabor, sobre todo la parte del borde, que quedó tostadito y crujiente. Así que la próxima vez que me sobren claras de huevo voy a intentar hacer galletas en vez de bizcocho.

Si me salen bien, ya os daré la receta.

Orejas

Orejas de Carnaval

Ingredientes para 15-20 orejas:

  • 10 cucharadas colmadas de harina
  • 1 cucharada de mantequilla blanda
  • 1 copita de anís
  • 1 huevo
  • Aceite de girasol
  • Azúcar
  • Sal

Preparación:

Batir bien el huevo y añadir la mantequilla, el anís, un pellizco de sal y media taza de agua bien caliente. Remover e ir incorporando la harina poco a poco. Amasar hasta que la mezcla esté firme y elástica y se despegue con facilidad; para ello añadir más harina si fuera necesario. Formar una bola y dejar que repose una hora aproximadamente.

Enharinar la encimera y extender la masa. Cortarla en tiras y aplanarlas bien con el rodillo: es importante que queden unas piezas muy finitas para que salgan ligeras y bien crujientes. Ir friéndolas por ambos lados en abundante aceite bien caliente hasta que cojan un color dorado; escurrirlas, ponerlas sobre papel absorbente y espolvorear azúcar por encima.

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No podíamos dejar pasar el Carnaval sin comernos unas típicas orejas. He tenido que tirar de archivo fotográfico porque este año volaron tan rápido que ni a sacarles foto llegué. Y eso que me quedaron un poco sosas… yo creo que porque me pasé un poco con el agua y le tuve que echar muchísima más harina que la que tenía apuntada de salida.

Esta es la receta que me pasó mi madre en su día, pero existen variantes, claro está. Se le puede echar ralladura de limón a la masa, o espolvorear al final con canela y/o azúcar glass en vez de normal… a gusto de cada cual. Luego también está el tema del tamaño: en nuestra tierra hacen unas orejas con las que se podría hacer surf, pero a mí me gustan más pequeñas, y también las arrugo un poco con el tenedor por la parte central nada más echarlas en la sartén para darles forma de oreja… Mi madre dice que ella las recuerda así de su niñez, pero ahora nadie las hace con esa forma, sólo planas. A mí me gustan más arrugadas, como las patatillas fritas: siempre ando buscando por la bolsa las que tienen dobleces.

También hicimos un intento de filloas… pero esta vez no salieron bien, porque se nos ocurrió hacerlas aprovechando un caldo de cocer grelos con patatas… y la mezcla no cuajaba en la sartén, tal vez porque la fécula que la patata dejó en el caldo o algún componente de la verdura lo impedía. Una pena… pero claro, había que estrenar el mes con la pifia gastronómica correspondiente, jeje.

L y abu

Los grelos los trajo mi madre, la abuela A, que pasó con nosotros unos días en los que el viento no nos dejó disfrutar mucho al aire libre, pero aún así L ha tenido una dosis extra de actividad que se ha notado, porque esta noche ha dormido… ¡5 horas seguidas! Hacía taaaaanto que no pasaba esto…

La abu se ha ido esta mañana y ya la echamos de menos

Magdalenas volcánicas

No os creáis que últimamente no estoy haciendo el dulce de la semana. He hecho varios, pero muchos de ellos no quedaron dignos de enseñar. Por ejemplo: el otro día hice una receta de tarta de fresas que tenía en un recorte de revista del año catapún, con sirope casero y crema pastelera, y me salió fatal; el bizcocho parecía una zapatilla. Y eso que lo hice dos veces, porque la primera vez no sólo estaba como una zapatilla, sino también crudo por dentro. No sé, me da que este horno me la está jugando.

De aquella pifia me quedaba un puñado de fresas. También tenía una lata de leche condensada empezada, porque hace poco se me antojó tomarme un café bombón, pero en el súper del barrio sólo tenían la lata grande de 75o g., y claro… muchos cafés me tengo que tomar para terminarla. Así que, con toda la intención de practicar el lonchafinismo del que tan fan soy aprovechando restos de la nevera, pongo en San Google “fresas” y “leche condensada” y me sale esta receta de magdalenas de Eva Arguiñano.

Qué bien, pues manos a la masa. Sigo la receta al pie de la letra, excepto en la harina: pongo mitad harina normal y mitad harina integral (ya lo he hecho más veces y nos encanta el resultado). Relleno los moldes dejando libre un tercio del espacio (como siempre que hago magdalenas). Los meto en el horno ya precalentado (no sé si a 200º porque, como ya sabéis los que leísteis la receta de las magdalenas de chocolate, mi horno no me indica la temperatura…). Me pongo a fregar los cacharros y a los 10 minutos miro por la ventana del horno y observo complacida cómo están subiendo poco a poco. Chupi.

Pasado el cuarto de hora, vuelvo a mirar, no vaya a ser que se me chamusquen como siempre… ¿Pero qué…?

Cuál es mi sorpresa cuando veo que la masa se está desparramando por fuera de las cápsulas: ha roto la costra dorada que se estaba formando en la superficie y ha salido misteriosamente proyectada desde el interior de las magdalenas como si fuese lava volcánica. Y todas hacia el centro del horno. Las de los moldes de muffin se están besuqueando cual babosillas alienígenas.

Magdalenas desbordadas

No entiendo nada… ¿Qué he hecho mal? ¿Me he pasado con la levadura? ¿La harina integral ha hecho alguna especie de reacción química inesperada? ¿He rellenado demasiado los moldes? ¿Será el horno éste, que hace lo que quiere?

Para apaciguar mi ego de cocinillas magullado, miro el vídeo de la receta (pues no, no lo había visto previamente, no me pareció necesario). Los Arguiñano comentan, qué graciosos, que estas magdalenas no suben tanto como otras. Joer, pues menos mal…

Qué curioso que en la página de Antena 3 venga escrito que la cantidad de levadura son dos cucharaditas, cuando en la otra (y en el vídeo) dicen que ponen el sobre entero. También es sospechoso que se salten el momento de sacar las magdalenas del horno y aparezcan directamente emplatadas y espolvoreadas con el azúcar glass… y si nos fijamos bien, están un poco torcidas y un poco salidas del papel, no tanto como las mías, pero… AJÁ, o sea, que es defecto de la receta, no de mis habilidades reposteriles. Os pillé, hermanos Arguiñano, a mí no me la dáis con queso, ni con perejil ni con menta.

De todas formas, las magdalenas tampoco es que nos hayan cautivado por su sabor ni por su esponjosidad. Son bastante corrientes, no creo que las repitamos. Aún así, siempre hay quien las roba al menor descuido.

Ladrona de magdalenas

Miña pobriña… si todavía no le dejan comer frutos rojos…