El parto de L: epílogo

Prometo que es la última vez que os doy la chapa con este tema… bueno, hasta que nazca N, jajaja.

Es verdad eso de que cuando ves la cara de tu bebé todos los males desaparecen. Al menos, así fue en mi caso: estaba tan feliz de que todo hubiera terminado bien y mi hija me tenía tan arrobada que lo que pasó horas antes se borró temporalmente de mi cabeza, y hasta tenía la sensación de que todo había salido rodado.

Fue días después, ya en casa, cuando fui consciente de lo mal que me habían tratado al ir sumando las experiencias negativas que tuve durante todo el tiempo que estuve en el hospital. Al hablarlo abiertamente con mi madre y papá zombi me di cuenta de golpe de que las matronas que me tocaron en suerte me habían amargado el momento más importante de mi vida, y me dio tal bajonazo que me entró la llorera y tuvimos que dejar el tema. (Y mi madre se quedó preocupadísima pensando que tenía depresión postparto).

Todo lo que había leído sobre embarazo y parto no me preparó en absoluto para la situación que me tocó vivir. Estaba totalmente perdida y confusa, y viéndolo con perspectiva sé que todo habría sido mucho más fácil de entender y más llevadero si me hubiesen explicado las cosas a medida que iban sucediendo. Las clases de preparación al parto, en las que supuestamente tenías la oportunidad de conocer a muchas de las matronas del centro, tampoco me sirvieron para nada: primero porque el día del parto no me atendió ninguna de las que me dio clase, y segundo porque se hartaron de hablarnos del parto natural, del lenguaje del cuerpo y de la confianza en nosotras mismas, nos pusieron nosécuántos vídeos de partos con poca intervención, en el agua, en casa… y luego, a la hora de la verdad, ¿qué? Pues ni de lejos. Yo fui una paciente a la que había que extraer un bulto. Punto.

En las clases también nos hablaron hasta la saciedad de la importancia de hacer piel con piel, de la crianza con apego, de la lactancia materna desde el primer momento, nos enseñaron a hacer masajes al bebé… Cuando tuve conmigo a mi hija, no hubo día que no me preguntaran si no quería que pasara la noche en el nido (con complemento, por supuesto), y así yo dormía. ¿Perdón? Llevo nueve meses esperando a esta persona, ¿la voy a mandar ahora a otro sitio? No, gracias. Menos mal que para esto sí tenía superclaro lo que quería, y menos mal también que la lactancia se inició sin mayores complicaciones, porque la única “ayuda” que recibí fue la de la matrona cabrona M, que a las pocas horas de dar a luz entró en la habitación y cuando vio a L mamando me preguntó qué tal iba.

-Bueno… -contesté yo un poco insegura. -Ella se agarra bien, no sé si saca algo…

-A ver -la retira y me pega un pellizco en el pezón que a poco más y le suelto un guantazo. -Sí, te sale calostro, ¿no ves?

Será posible… A esta mujer le rezuma el amor por los poros.

Para compensar, tuve un postparto muy bueno. Ya en el paritorio, cuando me fueron a pasar a la camilla para subirme a la habitación, descubrí con asombro (mío y del personal que estaba allí) que ya podía mover las piernas. Pensé que cuando se me pasara un poco más el efecto de la anestesia me iba a doler todo un montón… pero la verdad es que no, estuve muy bien todo el tiempo y al poco rato ya podía andar sola sin problema.

Como L nació a las 12.15 del mediodía, tuvieron la consideración de dejarme comer. Me estaba terminando el yogur del postre cuando entró por la puerta mi ginecóloga (que no llegó al parto), diciendo muy sonriente:

-Pero mamá zombi… ¿¡¿cómo me pares así?!?

“Eeehh… ¿así cómo?” pensé mirándola, con la cuchara suspendida a pocos centímetros de mi boca. Así de rápido, quería decir. Me preguntó cómo había ido todo, cómo estaba yo y el bebé, me pidió disculpas por no haber llegado a tiempo… pero claro, ¡era tan improbable que fuera tan pronto…! Pude haberle dicho muchas cosas en ese momento, pero la verdad es que no me salió nada (culpa de las drogas entre otras cosas). Unos días después, cuando fui a consulta, le expliqué lo que había sucedido con la oxitocina y la falta total de comunicación que hubo. Se indignó mucho y me aseguró que tendría una charla muy seria con las matronas y que dejaría por escrito que no se administra ninguna sustancia a una parturienta sin antes examinarla y comprobar cómo va el proceso. Y yo me pregunto: ¿eso no figura ya en el protocolo del parto inducido? Porque vaya tela…

Me fui a mi casa con un siete recosido en salva sea la parte. Nunca supe cuántos puntos me dieron, pero a juzgar por la cara de papá zombi eran bastantes. El caso es que no me molestaron lo más mínimo y se me fueron cayendo solos sin mayor problema. No tuve entuertos dolorosos, que yo recuerde. Lo único que me amargó el postparto, aparte de unos días de tristeza y hormonas revolucionadas y de lo mucho que me costó adaptarme a los horarios de L, fueron las hemorroides (cada vez que me acuerdo de cómo me pusieron a empujar sin ton ni son, les deseo una el doble de grande). Recuperé mi peso en pocos meses y luego adelgacé unos cuantos kilos más.

En cuanto a L, apenas perdió peso los primeros días; siguiendo el manual, cada tres horas pedía su teta y siempre estuvo sana como un roble (lo cual ayudó mucho a que no me dieran la brasa más de la cuenta con el tema de la lactancia, ni médicos ni familiares ni nadie). Era preciosa y muy tranquila, y tanto papá zombi como yo estábamos (y estamos) totalmente enamorados.

Entonces, ¿cuál era el recuento inicial? Pues embarazo estupendo, parto de menos de 24 horas que muy a mi pesar no fue natural pero tampoco fue terrible, postparto estupendo y niña maravillosa. No había motivos para quejarse…

L con un día de vida

Pero sí, sí los había. Como me dijo matronaonline en un comentario, como hay final feliz los padres nos vamos contentos y no ponemos las reclamaciones pertinentes y estas situaciones se repiten. Yo no quiero cargar las tintas contra las matronas, porque las habrá muy profesionales y amables, pero las que a mí me tocaron fueron de pesadilla.

La gente que me conoce bien sabe que no soy de exagerar ni de quejarme porque sí, que no me gusta importunar a nadie (y menos en su trabajo) y por eso a veces por no molestar casi ni respiro, y que aguanto bien el dolor. Mi madre dice que soy muy sufridiña. Papá zombi dice que llevé las contracciones con una dignidad pasmosa. A lo mejor tendría que haberme quejado más y así me habrían tomado en serio.

Además, confío plenamente en los médicos y el personal sanitario, y no me siento capacitada para juzgar sus decisiones ni tomarlas yo por ellos; cuando se me explica debidamente el tratamiento que se me va a aplicar, suelo aceptarlo sin rechistar. Se me informó previamente que en ese centro no se daban ciertas prácticas invasivas (rasurado, episotomía, oxitocina, cesárea) a no ser que fuese estrictamente necesario, y a mí me bastó con ello. Me puse en sus manos confiando en que harían lo mejor dado el caso, pero desgraciadamente creo que no lo hicieron bien. Yo ya estaba de parto sin necesidad de administrarme ningún químico, estoy segura de que si me hubieran dado un poco de tiempo y no me hubiesen enchufado la oxitocina sin comprobar si hacía falta realmente, a lo mejor habría tenido un parto un poco más largo, pero hubiese sido todo menos tenso y menos desagradable. Y además (y esto es lo más grave) no me trataron con consideración, más bien con bastante condescendencia y faltándome al respeto en varias ocasiones.

¿Y para qué le doy vueltas a todo esto después de casi dos años? Pues porque en ocho semanas salgo de cuentas y daré a luz otro bebé. Espero que esta vez el parto se desencadene naturalmente… pero hay muchas posibilidades de que mi hígado vuelva a hacer de las suyas y tengan que inducirme el parto nuevamente. Pienso en todo lo que me sucedió en el primero porque esta vez no me va a pillar de nuevas y quiero tenerlo todo muy claro en mi cabeza. Daré a luz, por circunstancias de la vida, en otra clínica distinta y con otro equipo médico; malo será, digo yo, que me traten igual de mal. Pero si ocurre, me voy a quejar, ¡vaya si me voy a quejar!

Y pienso ser la más preguntona de toda la planta, ¡hala!

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8 comentarios en “El parto de L: epílogo

  1. Ay, cariño si yo te contara…dos partos, mismo hospital, el día y la noche. En el primer parto doce horas con todo el equipo, oxitocina sintética, epidural a manta porque las contracciones con esa mierda no hay dios que las aguante, el niño sin bajar (lógico si tienes en cuenta que no me dejaron ni ponerme de lado en la cama), al final meconio,carreras, ventosa, maniobra de kristeller (o sea ,una paisana encima mío empujando la barriga con todas sus fuerzas) doce puntos, gritos, malas contestaciones (al decir que quería pasar yo sola a la camilla, el comentario de la matronacabrona fue:”mira, esta lo quiere hacer todo ella”)al final y con todo eso a mis espaldas me fui dando las gracias (tócate el higo, lo que es ver a a tú hijo sano)
    De cara al segundo parto yo ya estaba preparada y sabía lo que no iba a permitir, mi chico bien entrenado para parar cualquier abuso y muuuucha lectura e información. Pues bien, llega el día, me levanto rarilla, a eso de las 10:15 subimos a urgencias para que me miren, ginecóloga maravillosa, nada, para casa, dilatando pero muy verde (al día siguiente pasó a verme y me confesó que a esa hora estaba ya de 4 cm) paso la mañana bien, con contracciones regulares y no muy dolorosas, duermo a P y ya lo dejo en casa de la abuela. A las 4 mi chico me obliga a subir al hospi (contracciones cada 3 minutos y dolorosas, yo negándome porque me daba miedo tirarme allí doce horas otra vez) llego a urgencias y directa al paritorio (9 cm) la matrona un chica joven que lo primero que me pregunta es si le permito hacerme un tacto (¡¡¡¡¡) mi nombre (¡¡¡¡¡) y si prefiero tumbarme, moverme o hacer el pino, que es mi parto y es mi momento (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡) La niña sale de dos empujones dentro de la bolsa (cosa rarisíisima y de muy buen karma, por lo que se ve) ni un punto, los pujos mejor dirigidos de mi vida para no tener que cortarme, y sobretodo una amor y una cariño de la matrona por su trabajo que se merece un monumento.
    Al día siguiente la quiero dar un beso, un abrazo, ponerle un piso o lo que quiera ella, pero no me acuerdo de su nombre, así que no puedo preguntar por ella…cuándo pasa a verme por fin, me tiro encima como una loca poseída y le pregunto como se llama y que siento no acordarme y ella me dice que si no me acuerdo de su nombre es que ha hecho muy bien su trabajo, porque he parido yo solita, que ella es una mera espectadora y agradecida ella por dejarle acompañarme en ese momento…
    Perdón por lla biblia que me he marcado, pero creo que es la primera vez que lo pongo por escrito. Un besazo preciosa y que todo salga bien.

  2. Y harás muy bien!!!! Yo confío en que no tengas que hacerlo, que aunque luego la alegría es grande ese momento es para vivirlo lo mejor posible, bastante duro es…
    Mucho ánimo y tranquilidad ;-)

  3. Te iba leyendo e identificaba a tantas matronas con las que he trabajado y sobre las que pienso “ojalá jamás me asista un parto mío alguien como tú”… conozco a muchas muy prepotentes, muy déspotas (como ocurre en cualquier profesión, pero aquí es aún menos entendible), de las que te tratan como si fueras estúpida, que te dan órdenes como a una niña pequeña y boba que no merece ni que le expliquen cada cosa que está sucediendo… pero conozco a muchas más que se sienten llenas con su trabajo bien hecho, para las que es más importante reconfortar a la mujer que quedar por encima de nadie, compañeras, no dictadoras.
    También te digo que cuesta muchas veces ser así, porque las “rancias” suelen criticar bastante a las amables. A mí en mi hospital me llaman “la naturalista”, en plan despectivo. Y pongo oxitocina, rompo bolsas, hago episiotomías, pero únicamente cuando es estrictamente necesario. Y me preguntan poco las mujeres, porque suelo explicar en qué consiste cada paso que voy dando y por qué lo doy, me encanta animar a los padres a hacer fotos, grabar vídeos, cortar el cordón, que sea la mamá quien coja la cabeza de su hijo y lo reciba con sus manos… me encanta cuando una mujer viene con plan de parto, me satisface mucho poder hacer todo lo que esté en mi mano por procurarle al máximo el parto que tiene pensado tener… Las rancias se quejan de que las mujeres hoy en día vienen a decirnos cómo tenemos que trabajar, que qué se creen. Yo contesto que me siento tan buena matrona, que puedo adaptarme a cualquier petición que me haga una mujer, porque no sólo hay un modo de asistencia válido (zasss!!).
    Te tocó un equipo de rancias, deseo que esta vez conozcas el contrapunto de quienes disfrutamos asistiendo un parto y colaborando en hacer más feliz esa experiencia.

    • Espero que ese deseo se cumpla, porque también es el mío. Y a ti te felicito por ser una matrona entregada y de vocación, y por seguir así pese a las críticas de tus compañeras rancias.
      ¡Gracias por tus certeros comentarios! :)

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