El parto de L (3ª parte): el desenlace

*Aviso: esta es la parte más gore. Lógicamente.

¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Que me bajan al paritorio. Rollo película, en la cama-camilla corriendo por el pasillo (vale, corriendo no iban, pero casi), y yo agonizando pero contenta porque por fin veía la luz al final del túnel…

En el ascensor aprovechan para soltarme la bomba:

-Mira… tu ginecóloga no va a llegar a tiempo. Va a tener que asistirte otro médico.

Otro jarro de agua fría… aún encima, después de todo, iba a tener que enfrentarme a este momento delante de un completo desconocido. Y no me cabe duda de que mi ginecóloga no quería esto y de que es otra consecuencia de la falta de profesionalidad con la que se ha llevado mi caso. Pero ya llegados a este punto, lo que quería es que terminara todo de una vez por todas, irme a mi habitación con mi bebé y perder de vista a estas indeseables.

Me meten en el quirófano y me ponen con bastante poca gracia un gorrito verde para completar mi fabuloso atuendo… menos mal que L no se va a fijar en cómo vengo a recibirla. Me sientan en el borde de la camilla y me preparan para ponerme la epidural. (Tampoco me preguntan, pero no me importa porque evidentemente la quiero y en su día firmé todos los permisos). La preparación consiste en que la matrona L me cruza los brazos sobre el pecho, me abraza el torso para que no me mueva y me apoya la cabeza en su hombro. Por fin un gesto de cariño, ¿tanto te costaba?

La anestesista es muy joven, pero encantadora. Me pasa un algodón con algo muy frío por la parte baja de la espalda y me dice que tengo que estar muy muy quieta. Les pido entre dientes que esperen un momento, porque me está viniendo otra contracción.

-Vale, tranquila -contesta la matrona L -. Cuando se te pase, continuamos.

Jolines, vaya cambio de actitud… a lo mejor es que ella también veía más cerca el momento de perderme a mí de vista…

La contracción es terrorífica… pero es la última, a partir de ahí el resto no las noto. La punción duele, pero a esas alturas ya ni siento, ni padezco. Pero pasó algo que creo que fue lo que más me asustó de toda esta aventura: de repente se me dispara la pierna derecha, al más puro estilo Lina Morgan.

-¡Ah! -digo, muerta de miedo. Y se me dispara otra vez y me da como un tembleque.

-¿¡¿Pero qué haces?!? -la matrona L vuelve a su estado natural de vinagre.

-¡Que yo no he hecho nada! ¡Se me ha ido sola! -le suelto, casi presa de las lágrimas.

-Tranquila, es que te he rozado un nervio, discúlpame. Ya estamos terminando -media la anestesista.

Me tumban en la camilla, me ponen un brazalete para medirme la tensión y me enchufan en la nariz un tubito que supongo lleva oxígeno. Me dejan ahí un ratito mientras preparan instrumental (supongo, por el ruido). La matrona M no para de entrar y salir con un teléfono (supongo también, porque estoy de espaldas a la puerta). En un momento dado suelta una queja en voz alta y la sensación que a mí me transmite es de nerviosismo… yo no entiendo cómo es posible que no se den cuenta de que su actitud me pone a mí nerviosa y me preocupa.

Entonces la matrona L me dice que ha llegado el momento de poner en práctica lo que he aprendido en las clases preparto, y que cuando ella me avise de que llega una contracción, tengo que empujar. Así lo hago, con todas las fuerzas que me quedan, una, dos veces… A la tercera, va y me dice:

-Al principio vas muy bien, pero luego pierdes fuelle. Esto no está sirviendo de nada.

Muchas gracias por los ánimos, maja. Si me hubieran dado un cuchillo, la habría apuñalado. Pero en aquellas condiciones no podía ni articular palabra.

No lo recuerdo con claridad, pero juraría que lo intentamos un par de veces más y que otra matrona o enfermera me presionaba la barriga hacia abajo con las manos. Sin comentarios.

Lo dieron por imposible, porque evidentemente había algo que no funcionaba. Afortunadamente para mí y mi maltrecho cuerpo, apareció el médico. Se presentó, me dio ánimos muy cariñosamente y hasta me hizo una caricia en un brazo. Gracias, hombre, por fin un poco de humanidad. No recuerdo muy bien cómo se sucedieron los acontecimientos, pero lo que sí sé es que se sentó directamente delante de lo que viene siendo todo el fregao, y no me volvió a pedir que empujara. Estuvo ahí trasteando con un chisme que tenía un mango muy largo: luego supe que era una ventosa (otro que no me dijo ni Pamplona). En un momento dado se le escapó hacia atrás y yo ya estaba temblando de pensar cómo me iba a quedar el chichi después de aquello. También me preguntaba, bastante preocupada, dónde diantres estaba papá zombi…

Papá zombi estaba en la puerta del paritorio, subiéndose por las paredes, esperando a que la matrona le dejase pasar. El pobre no sabía qué estaba sucediendo y a puntito estuvo de pasarle por encima a la tipa y entrar como una tromba para salvarnos a mí y a L de las garras de aquellos desalmados. Pero, una vez más, se contuvo (gracias, te quiero). Cuando por fin lo dejaron pasar, el ginecólogo ya tenía media cabeza de L fuera. Dijo “mira, aquí la tienes”, tiró un poquito y ¡chup!, salió toda enterita. Nuestra hija estaba ya en este mundo. Papá zombi se puso a llorar como un niño y a hacer fotos como un japonés. Yo estaba en una nube de felicidad, aunque me decía para mí misma que al final no había tenido que hacer nada de nada… Me la pusieron encima mientras berreaba como una loca y la acaricié y le hablé… no me acuerdo lo que le dije, seguramente tonterías. Alguien comentó que era bueno que llorara fuerte, porque había tragado mucha sangre durante el parto y tenía que abrir bien los pulmones. Mientras tanto, el ginecólogo estaba ya examinando la placenta que me había salido del cuerpo (¡nunca me imaginé que pudiera ser una cosa tan grande!). Se llevaron a L a una de esas cunas calientes que tienen en las salas de partos (no sé cómo se llaman) para examinarla y vestirla. Estaba perfecta, aunque tenía un bollo en lo alto de la cabeza producido por la ventosa. Aún tuve que oír a la matrona L quejándose porque el pijama que había traído era muy difícil de poner. Bah… Primeros minutos

El médico seguía a lo suyo, explicándole a papá zombi que la niña venía con una vuelta de cordón, que había tenido que ayudarme con ventosa y que ahora me estaba dando unos puntos porque había sufrido un desgarro. Se lo explicaba a él como si yo no estuviera presente y como si lo que estaba cosiendo no formase parte de mí. No me informó de si el desgarro había sido natural, episiotomía o fruto de su habilidad con la ventosa. No me informó de la cantidad de puntos que me llevé. Si se elaboró algún tipo de historia para archivar en el centro o entregarle a mi ginecóloga, yo nunca supe de su existencia.

Pero en ese momento me daba todo igual. Le dieron la niña a papá zombi mientras terminaban de recomponerme. Ya estaba tranquila y tenía la tez de un color un poco más saludable que el rojo y cerúleo con el que salió. Después me la pusieron al ladito y nos subieron a la habitación. L tenía los ojos muy abiertos y nos miramos largamente, mientras las enfermeras comentaban lo guapísima que era.

Y aquí empezó nuestra verdadera andadura como papás zombi

—————

Vaya rollo que os he echado… al final me ha salido una trilogía. No contaba yo con que este tema diera tanto de sí, ¡y aún se me quedan cosas en el tintero!

Mis reflexiones sobre toda esta odisea, en una próxima entrega ;)

 

Y os dejo un enlace a un artículo súper interesante sobre las vueltas de cordón, a mí me ha sorprendido muchísimo lo que aporta.

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11 comentarios en “El parto de L (3ª parte): el desenlace

  1. Jolín, anda que deben querer quedarse sin trabajo porque con esa experiencia a cualquiera le quedan ganas de volver a parir, eh! Yo flipo, vamos, luego andarán por ahí soltando pestes de lo pesadas y quejicas que somos las parturientas. Me pongo negra eh, ya podían tener un poco de empatía!
    De todos modos, está genial que os lo hayas contado, está muy bien conocer todas estas situaciones y que no siempre el parto es como lo planeas (de hecho, casi nunca). Hay que estar prevenidas!
    Besosss

  2. Madre mia! Dónde fue para no ir! No se q le pasa a algunos sanitarios pero en vez de tratar con personas deberían de estar fregando váteres!! Q poco tacto y falta de humanidad. Me pregunto q harían si a ellos les trataran así? En fin, después q si somos unas plastas y unas quejicas.
    Mi matroncita, una niña bastante joven (mas q yo!) me trato con mas mimo y mas amabilidad q nadie. A mi chico igual. Tenía una voz q daba una tranquilidad infinita! Pero tengo q reconocer q la matrona q estaba por encima de ella era una borde de coj****, menos mal q no la vi mucho x allí.

  3. Madre del amor hermoso…. Vaya mierda de parto os hicieron pasar… La mitad de denuncia y la otra mitad sin humanidad ninguna. Darás a luz de nuevo allí?

    • Pues no, esta vez no vamos a Galicia a aumentar la familia, nos quedamos en Cataluña por razones logísticas. A ver qué pasa esta vez… aunque es difícil que me traten peor, y además yo no voy a pecar de ingenua, a mí ya no me pillan en otra igual sin protestar por lo menos ¬¬

  4. Pues me has tenido enganchadísima y me alegra ver a pesar de todo tuvo un final feliz!
    Gracias por compartir tu historia…me parece que es importante para crear conciencia de esas cosas que pasan y que no deberían sucederle a nadie!
    Un besito

  5. :( qué triste. Tiene final feliz, sí, como en la mayoría de las ocasiones, pero el proceso es horrible. La pena es que como al final todos los papás están contentos, no se ponen quejas por el mal trato recibido y estas situaciones se perpetúan.
    No comprendo que haya tanta gente que se dedique a esto con tan poca empatía y humanidad, me parece completamente contradictorio. Tampoco hace falta ser la alegría de la huerta o colmar a la mujer de caricias, basta con hacer el trabajo bien, informando de todo lo que se está haciendo y pidiendo permiso (es eso lo que marca la ley…)
    Ay… queda taaanto por cambiar… muchas gracias por compartilo!

    • Pues sí, estoy de acuerdo contigo y de hecho tengo una entrada pendiente reflexionando sobre todo esto. Aunque me fui a casa feliz con mi bebé, creo que el trato no fue el correcto y sufro pensando en todas las que pasaron después de mí.
      Gracias a ti por visitarme y comentar :)

  6. Los 3 posts del tirón!!! jejeje Qué lo sepas!!!
    Me parece maravilloso, lo menos maravilloso que vayan haciéndonos cosas y no nos lo digan, yo me acuerdo que preguntaba cuantos puntos y me decía: unos cuantos, y yo volvía a preguntar y me decía: pocos y yo pero cuantos y al final me lo señaló con la mano…. en fin…
    Me alegro mucho por vosotros familia

  7. hola…después de leer los post sobre tu parto, estoy aún más asustada…¿puedo saber de qué hospital o provincia se trata? De todas formas, espero que hayas puesto alguna queja por el trato recibido. Si ninguna nos quejamos, seguirá todo igual. Es difícil hacerlo a toro pasado, pero es importante. O esa conclusión saqué yo a partir de un post de matronaonline. Un abrazo!

    • Hola marian, siento mucho haberte asustado. No cuento esto para asustar a nadie, sino para desahogarme y por si le resulta útil a cualquiera que se encuentre con la misma situación de parto inducido. Mi parto no fue maravilloso, pero tampoco fue tan terrible.

      Por si te quedas más tranquila: di a luz en Coruña, y tengo muchas conocidas que tuvieron a sus bebés en el mismo centro y salieron encantadas con el trato recibido.

      Tu experiencia será única porque serás tú quien la viva, yo lo único que puedo aconsejarte es que vayas preparada para lo que sea, que tengas claros cuáles son tus deseos y tus derechos, que preguntes si tienes dudas… y todo lo demás es cuestión de suerte, confía en las señales que te da tu cuerpo y en los profesionales que te atiendan, que seguro harán en todo momento lo mejor para ti y tu bebé.

      Y no, no me quejé porque en su día no sentí la necesidad de hacerlo (ya lo explicaré en otro post), pero si me volviera a suceder algo parecido seguro que sí lo hago. Por supuesto que es importante dejar constancia si no estás conforme. De todas formas, hablé con mi ginecóloga del tema y creo que ella sí fue a decirles cuatro cositas a las matronas.

      Un beso y mucha suerte con tu embarazo!

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