La prima D

Esta semana tuvimos en casa a la prima D y sus padres. L faltó al cole un par de días para poder estar más tiempo con ella.

D es una preciosidad de cabecita rizada que no para quieta un segundo y que habla por los codos. Le gustan las emociones fuertes, y cuando se sube a un columpio no hay quien la vuelva a bajar. Así que pasamos unos días estupendos de parque en parque, aunque por desgracia el clima no nos ayudó mucho.

Primas en el parque

Lo pasaron en grande. Ayer los despedimos y L volvió a la escuela: una tragedia griega. Cuando vio que le iba a poner la camiseta del cole ya empezó a protestar con cara de pánico. Tuve que llevarla en brazos todo el camino (normalmente vamos andando de la mano), mientras decía “mama, mama” y negaba con la cabeza. Al llegar a la puerta no quería entrar… ¡ay! Qué dolor de corazón me dio dejarla. Sin embargo, cuando la fui a recoger me dijeron que había estado fenomenal, súper tranquila y contenta. Y hoy también lloró un poco, pero ¡ha jugado y todo! Y al irnos les ha dicho adiós a sus compañeros. Es un gran progreso.

Los días con su prima le han sentado muy bien. Habla mucho más y está más sociable (llevaba una temporadita un poco arisca con la gente que no somos papá y mamá, supongo que algo tiene que ver lo del hermanito). Ahora me pregunta por ella varias veces al día: “¡Nana, Nana!” (el nombre de D en su idioma, que poco tiene que ver con el real, jeje). Yo le explico que la prima se fue a su casa con sus papás y que en verano iremos nosotros a verlos, y también al primo A. Ella asiente con la cabeza toda sonriente.

Primas en la playa

Mis hermanos y yo, a pesar de vivir lejos, crecimos muy unidos a nuestros primos. Pasábamos juntos unos idílicos veranos de tres meses en la playa, completamente asilvestrados, y así cultivamos un vínculo absolutamente fraternal. Compartimos mil aventuras, nos peleamos, nos compinchamos para hacer gamberradas, aprendimos a convivir, a tratarnos y a querernos con nuestras diferencias. Fuimos unos privilegiados.

Primos

Mi hermano, el papá de D y yo, allá por el 85

 

Con el ritmo de vida de hoy en día, no sé si será posible que nuestros hijos tengan la misma suerte. Pero se intentará, porque crecer juntos es una gran alegría.

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3 comentarios en “La prima D

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