Al cole… ¡ay!

Este lunes L empezó a ir a la escuela infantil (anteriormente conocida como guardería, una forma de llamarla un tanto despectiva y que no se ajusta a la realidad actual de estos centros…). La idea inicial era que empezara a ir en septiembre, pero llevábamos ya como un mes dándole vueltas a la posibilidad de llevarla antes, para que no se le juntara tanto con la llegada del cachorrito nº 2.

Confieso que he tenido que hacer un ejercicio de reprogramación mental, como alguna que otra vez en mi (hasta ahora) corto periplo por este camino de la maternidad: yo, que decidí conscientemente renunciar al mundo laboral y dejar a un lado mis inquietudes profesionales para dedicarme en cuerpo y alma a cuidar de mi bebé, soy incapaz de justificar ante mí misma la necesidad de meter a L en el cole con sólo 18 meses; será porque en nuestro caso no es una necesidad, es una opción que hemos escogido voluntariamente porque nos parece que en este momento le irá muy bien. Me ha invadido una mezcla de sentimientos extraños, como si en cierto modo le estuviera fallando, como si en cierto modo estuviese tirando la toalla o fracasando en mi empeño de ser mamá 24 horas.

También he tenido que tratar de no dejarme influir por la multitud de tópicos y frases hechas que siempre te sueltan cuando mencionas el asunto, sobre todo el sempiterno “así socializa”. Me revienta que me digan eso, en serio. Principalmente, porque me parece obvio que los niños tan pequeños no “socializan” en el sentido que nosotros damos a esta palabra. De hecho, ni siquiera creo que sea un término que se ajuste a este caso, creo que lo utilizamos mal.

Socializar

Si por “socializar” entendemos “relacionarse con otra gente” o incluso “hacer amigos”, L “socializa” en el cole, en el patio de vecinos, en el parque, en casa de la abuela, en la cola del súper y en prácticamente cualquier lugar donde haya alguien con quien “socializar”. Cuando ve a un niño por la calle, le señala, le increpa y le persigue. La niña es sociable, y yo encantada (menos cuando pienso en las futuras fiestas de cumpleaños que me voy a tener que comer… yo no soy muy sociable).

Ésta es una de las razones por las que decidimos que empezara a ir ya: seguro que lo pasará genial con los otros niños, y además es importante que aprenda a compartir el espacio vital (que es algo que no lleva muy bien: niños sí, pero que corra el aire). Yo podré descansar un poco, retomar las riendas de mi casa, recuperar proyectos que están parados… hasta noviembre, claro, cuando tendré que centrarme en el bebé; entonces también será bueno que ella tenga su rutina diaria establecida y que eso no cambie; en ese aspecto no se sentirá destronada (otro topicazo que no hago más que oír).

Ya me habían advertido que el período de adaptación pueden ser un poquito duro, que es normal que llore e incluso bueno, pues es muestra de que nuestro vínculo afectivo es muy fuerte. Que tal vez se enfade y no me haga caso cuando vaya a buscarla. Que después estará mimosa y querrá teta todo el tiempo…

Bueno, pues el primer día, después de un momentito de duda, le dio la mano a la profe y allá que se fue sin volver la vista atrás. Yo me fui por mi lado a hacer recados y estuve las tres horas pensando en cómo estaría, con una sensación extrañísima, como si me hubieran amputado un miembro. Cuando volví a por ella, me dijo “mama” con una sonrisa y corrió a abrazarme. Las chicas del centro (que son encantadoras) me dijeron que había estado muy bien todo el tiempo, aunque ya algo cansada al final (claro, es que le faltaba su siesta mañanera). Volvimos a casa, se durmió dos horas y media, comió de maravilla, jugamos, merendó de maravilla, salimos de paseo, cenó de maravilla y a dormir. Por la tarde la directora me mandó unos vídeos en los que se la ve sentada con todos sus compañeros atendiendo a lo que les contaba la profe, y jugando en el patio. Tranquila y feliz.

Yo pensaba para mí: pues será que soy un poco cerril y que no quiero ver que mi hija necesitaba esto. Será que no pienso tanto en L como yo me creo y que pienso más en mí, que evidentemente lo estoy pasando peor que ella con la historia ésta del cole.

… será, más bien, que el primer día era la novedad, y además me fui tan sigilosamente que la pobre ni siquiera se dio cuenta. Pero ahora ya sabe que me voy a ir y la voy a dejar ahí, y no le hace ninguna gracia. Ayer me hizo pucheros, y cuando volví a recogerla me recibió llorando. Hoy entró llorando, directamente, y a la salida tres cuartos de lo mismo. Me dicen que no ha estado mal, que le va a ratos… Luego por la tarde no hace más que pedirme teta y más teta y no se me despega ni un minuto. Y lo de dormir la siesta, ni hablar a no ser que sea encima de mí, con lo cual está intratable toda la tarde.

Yo sé que está muy bien atendida, más incluso: que la miman y la escuchan, y para mí es muy importante. Pero dejarla así me cuesta muchísimo y me despierta de nuevo todas las dudas que tenía al principio y me hace volver a preguntarme por qué demonios estamos haciendo esto.

Me consuela que, cuando la recojo y le pregunto si lo ha pasado bien, aunque esté llorosa me dice que sí, y cuando le pregunto si quiere volver al día siguiente, también me dice que sí. Y por las mañanas, cuando le digo que vamos al cole se pone toda contenta y levanta los puños (que es su forma de decir ¡yupi!).

Espero que se adapte pronto… uf :_(

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8 comentarios en “Al cole… ¡ay!

  1. Creo que haces bien, más si en en noviembre tiene que compartir su espacio con un nuevo miembro. Luego vendrán las vacaciones de verano y cuando vuelva se lo tomará de otra manera. Ya verás como se adapta.

    • Yo también lo creo así. Tenía esperanzas de que se adaptara rápido… y resulta que esta noche tuvo un poquito de fiebre y le caen litros de mocos, así que nada de cole. A ver mañana si la puedo llevar… Ains :S

  2. Qué duro es al principio, será normal que pase por esas fases, ¿no? Por lo que veo nuestros enanos tienen casi el mismo tiempo y nosotros también le llevaremos en septiembre a la guarde, a ver qué tal. Me da bastante miedo y pena… aunque supongo que estará bien. Y encima va a una guarde en la que le hablarán en otro idioma. Y me preocupa que allí tiene que echarse la siesta y no sabe dormirse solo en su cuna, sólo en brazos. ¡Cuánta tarea pendiente para este verano! Encantada de leerte, por cierto :-)

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