Magdalenas de plátano con corazón de chocolate

Magdalenas de plátano

Ingredientes (para unas 10 magdalenas):

  • 2 plátanos maduros
  • 125 g. de harina
  • 5 g. de levadura en polvo
  • 30 g. de azúcar blanco
  • 30 g. de azúcar moreno
  • 60 g. de aceite de girasol
  • 1 huevo
  • 1 limón
  • 10 onzas de chocolate negro
  • Sal

Preparación:

Pelar los plátanos, trocearlos y colocarlos en un cuenco con el azúcar, un pellizco de sal, el aceite, el huevo y el zumo del limón. Triturarlo todo con la batidora hasta que quede una crema homogénea.

Ir incorporando la harina tamizada con la levadura, mezclando cuidadosamente. Rellenar 1/3 de los moldes, colocar en el centro una onza de chocolate y cubrir con más crema (dejando un dedo hasta el borde sin rellenar, que si no se pueden salir…).

Meter en el horno precalentado a 180 ºC durante 20-25 minutos, hasta que hayan subido y el copete esté dorado. Dejar enfriar sobre la rejilla, desmoldar y ¡a comer!

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Por fin me han salido unas magdalenas con forma de magdalena y sin churruscar. Bueno, un pelín por debajo… es este maldito horno, que me la tiene jurada.

Tenía un par de plátanos que se estaban madurando demasiado para comerlos tal cual, y el lonchafinismo que profeso me empujó a hacer algo con ellos antes de que se pasaran del todo. ¡Hay que aprovechar la comida! La idea de la receta la saqué de aquí, le introduje un par de cambios y el resultado nos ha gustado bastante.

Cuando las saqué del horno, la casa olía a plátano que daba gloria. Me tuve que comer una, claro está, pero en caliente la verdad es que no se apreciaba mucho el sabor de la fruta. Se potenció mucho más cuando se enfriaron. En cambio, cuando las partí por la mitad para hacerles la foto, ya estaban frías, y por eso el corte no quedó muy estético que digamos.

Magdalena con corazón de chocolate

Cuando ya sólo quedaban dos, se me ocurrió la solución ideal: antes de comer, unos segundos de microondas. Así el corazón de chocolate queda fundente y es mucho más agradable al paladar.

Estamos en plena búsqueda de un piso más amplio al que trasladarnos antes de que llegue el cachorrito número 2, y los ojos me hacen chiribitas sólo de pensar en una cocina más grande, con perspectivas de instalar un lavavajillas, con sitio en la encimera para poner la tostadora sin tener que quitar la tabla de cortar… Ay, con qué poco me conformo. Eso sí: como el horno no tenga indicador de temperatura, ¡no me mudo! He dicho.

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