Magdalenas volcánicas

No os creáis que últimamente no estoy haciendo el dulce de la semana. He hecho varios, pero muchos de ellos no quedaron dignos de enseñar. Por ejemplo: el otro día hice una receta de tarta de fresas que tenía en un recorte de revista del año catapún, con sirope casero y crema pastelera, y me salió fatal; el bizcocho parecía una zapatilla. Y eso que lo hice dos veces, porque la primera vez no sólo estaba como una zapatilla, sino también crudo por dentro. No sé, me da que este horno me la está jugando.

De aquella pifia me quedaba un puñado de fresas. También tenía una lata de leche condensada empezada, porque hace poco se me antojó tomarme un café bombón, pero en el súper del barrio sólo tenían la lata grande de 75o g., y claro… muchos cafés me tengo que tomar para terminarla. Así que, con toda la intención de practicar el lonchafinismo del que tan fan soy aprovechando restos de la nevera, pongo en San Google “fresas” y “leche condensada” y me sale esta receta de magdalenas de Eva Arguiñano.

Qué bien, pues manos a la masa. Sigo la receta al pie de la letra, excepto en la harina: pongo mitad harina normal y mitad harina integral (ya lo he hecho más veces y nos encanta el resultado). Relleno los moldes dejando libre un tercio del espacio (como siempre que hago magdalenas). Los meto en el horno ya precalentado (no sé si a 200º porque, como ya sabéis los que leísteis la receta de las magdalenas de chocolate, mi horno no me indica la temperatura…). Me pongo a fregar los cacharros y a los 10 minutos miro por la ventana del horno y observo complacida cómo están subiendo poco a poco. Chupi.

Pasado el cuarto de hora, vuelvo a mirar, no vaya a ser que se me chamusquen como siempre… ¿Pero qué…?

Cuál es mi sorpresa cuando veo que la masa se está desparramando por fuera de las cápsulas: ha roto la costra dorada que se estaba formando en la superficie y ha salido misteriosamente proyectada desde el interior de las magdalenas como si fuese lava volcánica. Y todas hacia el centro del horno. Las de los moldes de muffin se están besuqueando cual babosillas alienígenas.

Magdalenas desbordadas

No entiendo nada… ¿Qué he hecho mal? ¿Me he pasado con la levadura? ¿La harina integral ha hecho alguna especie de reacción química inesperada? ¿He rellenado demasiado los moldes? ¿Será el horno éste, que hace lo que quiere?

Para apaciguar mi ego de cocinillas magullado, miro el vídeo de la receta (pues no, no lo había visto previamente, no me pareció necesario). Los Arguiñano comentan, qué graciosos, que estas magdalenas no suben tanto como otras. Joer, pues menos mal…

Qué curioso que en la página de Antena 3 venga escrito que la cantidad de levadura son dos cucharaditas, cuando en la otra (y en el vídeo) dicen que ponen el sobre entero. También es sospechoso que se salten el momento de sacar las magdalenas del horno y aparezcan directamente emplatadas y espolvoreadas con el azúcar glass… y si nos fijamos bien, están un poco torcidas y un poco salidas del papel, no tanto como las mías, pero… AJÁ, o sea, que es defecto de la receta, no de mis habilidades reposteriles. Os pillé, hermanos Arguiñano, a mí no me la dáis con queso, ni con perejil ni con menta.

De todas formas, las magdalenas tampoco es que nos hayan cautivado por su sabor ni por su esponjosidad. Son bastante corrientes, no creo que las repitamos. Aún así, siempre hay quien las roba al menor descuido.

Ladrona de magdalenas

Miña pobriña… si todavía no le dejan comer frutos rojos…

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