Pobres gatos…

El gato se esconde...

El repertorio familiar sigue aumentando a medida que buceo en mis recuerdos y rescato canciones de infancia que ya tenía olvidadas. Y entonces me doy cuenta (otra vez) de que, además de mamá zombi, soy un poco mamá gallina, porque algunas no me parecen nada apropiadas. Ésta, por ejemplo, ha habido que modernizarla un poco:

Estaba la pastora, lará lará larito
Estaba la pastora cuidando el rebañito, cuidando el rebañito
Con leche de sus cabras, lará lará larito
Con leche de sus cabras se fue a hacer un quesito, se fue a hacer un quesito
El gato la miraba, lará lará larito
El gato la miraba con ojos golositos, con ojos golositos
Como metas la pata, lará lará larito
Como metas la pata…

A partir de aquí mi memoria no lo tenía muy claro, así que recurrí a San Google para despejar dudas. Lo que me encontré me pareció terrible: gatos maltratados a los que les cortan el rabito/hociquito/pescuecito o, en el peor de los casos, gatos asesinados a manos de pastoras con muy mal pronto, a las que luego atormenta el sentimiento de culpa y van a confesar su crimen a curas que de penitencia piden besitos… ¡todo por un miserable queso! ¿Pero en qué mundo mágico y bucólico vive esta pastorcilla de pacotilla? Está claro que mi madre también censuró este final…

Aquí hace falta una revisión del clásico, así que he rehecho la canción y ahora le canto la segunda parte tal que así:

Como metas la pata te tiro del rabito, te tiro del rabito
El gato hincó la uña, lará lará larito
El gato hincó la uña y lo estropeó un poquito, lo estropeó un poquito
La pastora enfadada, lará lará larito
La pastora enfadada se acercó despacito, se acercó despacito
Te perdono el castigo, lará lará larito
Te perdono el castigo si me das un besito, si me das un besito
Así hicieron las paces, lará lará larito
Así hicieron las paces y comieron quesito, y comieron quesito

El tema del chantaje tampoco me hace mucha gracia, pero mejor que la pastora chantajee al gato y no que el cura chantajee a la pastora… vamos, digo yo. La cosa es que al final hagan las paces, compartan el queso y no haya asesinatos de gatos. Lo cual me recuerda a aquella otra canción que cantábamos jugando a las palmas:

En la ca-lle-llé veinticua-tro-tró
Ha habi-do-do-dó un asesinato-tó
Una vie-ja-já mató un ga-to-tó
Con la pun-ta-tá del zapa-to-tó
Pobre vie-ja-já, pobre ga-to-tó
Pobre pun-ta-tá del zapa-to-tó

A mí el único que me da pena es el gato.

También está ese otro gran éxito popular de nuestra infancia: el señor don Gato, que se caía del tejado y se quedaba hecho fosfatina cuando le hacían saber que le habían apañado un matrimonio. Qué bonita historia…

¿Por qué esta inquina hacia los gatos en general? Eso de que tienen siete vidas no es cierto en el sentido literal de la expresión… En fin, considero que en estos casos la censura materna es necesaria y no voy a dudar en practicarla. Cocorocó

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